...Se me asemeja la
Duda, al Bosque. Ese Bosque inmenso repleto de vida misteriosa. Ese Bosque
insondable, pantanoso, lúgubre a veces. Ese Bosque de grandes claros sin
hojarascas, luminoso... ese Bosque de torrentes cristalinos, de alimañas o
seres con alas, ese bosque que siempre es Duda porque habitarlo, vivirlo,
merece respeto y casi sumisión.
La
Duda, al igual que el bosque, te obliga a respetarla, a observarla en la
distancia, a recrearse sosegadamente en esa no respuesta a las preguntas. La
Duda, te hace sentir aún más la certeza ya que la muestra en su trono de
grandeza absoluta, plena, poderosa.
El
Bosque de la Duda, con sus claros y sus misterios, su inescrutable verdad, su
territorio, su franqueza, su fauna virginal, su Libertad.
El
Bosque de la Duda se adueña del Ser y a la vez se une, se amiga, o se aleja en
silencio en ese devenir misterioso que paraliza opciones por ser infinitas...
El Bosque de la Duda maneja al Ser que perplejo se somete aun en su Certeza...
El Bosque de la Duda con su gran belleza planea victorioso sin importarle nada
más que la sensación, sutil y grandiosa a la vez, del que se siente poseedor de
la Virtud.
El
Bosque de la Duda, brillante y lucido a veces, escéptico otras, válido siempre,
si te lleva a Buscar el vivir donde
habita la Verdad.
Desde la duda existo sin esperar más que el sosiego del alma, la paz infinita aun sabiendo que la Sabia Naturaleza puede hacerme vivir también el mal; ese mal absoluto al que estamos sometidos quizá por la simple necesidad de crear belleza. No quisiera que mis palabras indujeran a pensar que mis sentimientos son in-concretos o vanos, sino que derivaran de ese fin que es saberse asumido y respetado a sí mismo. Hoy en mi presente que podría denominar el más silencioso de cuantos he vivido me someto a ese silencio que recibo del más allá tal vez porque la Certeza solo sea Silencio.
Julia De la Rúa
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