Un instante casi blasfemo, dirán algunos.
Ese poder milagroso de obviar lo impuesto, se me presenta
los cielos se abrieron y dejaron de caer hileras de virus monstruosamente ignorantes
de quienes son los HUMANOS, sin artificios impuestos.
La oscura soledad me abrió los poros de la inmensa llanura de mi cuerpo
y los convierto en ojos que absorbieron la luz de la intensa cúpula celestial
nada pude hacer mas que dejarme absorber y despedazar en retales de piel chispeante
que no admitieron muerte extranjera.
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