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Sobre la pintura de Julia De la Rúa.
Aproximación.
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Julia
es, entre otras muchas cosas, pintora. Ella piensa y dice que su principal
faceta es escribir, escribir poesía. Pues eso mismo hace cuando pinta, su
pintura es poesía pintada, una voluntad trasladada al universo del pincel y la
mancha.
Julia,
cuando pinta, cambia la disciplina de la pluma y la aparente docilidad de las
palabras por un indisciplinado pincel que juega, comprime y excarcela manchas.
Tratar
de acotar o ubicar las pinturas de Julia nos llevaría a un estrepitoso fracaso
porque ella está allí donde no se encuentra y, cuando crees saber algo, no
sabes nada, cuando pretendes expresar certezas, aparecen dudas. Como si ningún
formalismo o formalidad pudiera ser atribuido a su pintura. Julia siempre
escapa a cualquier pretensión de encuadre.
¿Qué
es la pintura de Julia de la Rúa? La pintura de Julia es el alma de Julia, en
una prolongación de su poesía, es su descontento, su inconformismo. Por encima
de los colores, por encima de las formas, está su vuelo. Necesita volar, volar,
volar para sentirse libre y es precisamente en la pintura donde yo la veo
levitar, levitar y volar. Es en la pintura donde la veo libre. Ese concepto de
libertad
que puede con todos los
determinismos, ese vuelo que la desata por encima de las consideraciones
temporales o espaciales, por encima de las mezquindades, de las mediocridades.
Julia consigue que la pintura sea la transmigración del alma hacia las
inmensidades, es decir, una locura, una pasión desatada.
La
pintura de Julia recoge, sobre el papel, el duende, la existencia de su pensar
y su no pensar, la colisión de la tristeza con su alegría, la victoria de su
locura sobre la cordura amañada, su capacidad de encontrarse, de sorprenderse,
de impresionarse, de expandirse, sí de expandir su indisciplina de vuelo, su
insumisa determinación, su mano libre y liberadora, su gesto rápido, su pulso
al mundo. La realidad de su pintura, un laberinto tejido sin puertas, sin
ventanas, sin paredes. La intemperie sedimentada sobre el hojaldre de sus
obras.
En
un alarde de osadía nuestra mirada y nuestra mente están tentadas de sujetarla
en alguna franja del surrealismo pero, eso, es ubicarla, constreñirla.
Julia
como pintora es un objetivo que para sí quisiera cualquier “ismo” con la
pretensión de ampliar su nómina.
Julia
hace una pintura libre, hermosa y libre, barroca y libre, gestual y libre,
personal, única, raíces taoistas sin catálogos.
Gracias
Julia por regalarnos sobre la “formalidad” del papel tu primitivo talento.
Bayarri
de la Paz. 5.3.2020.