martes, 4 de noviembre de 2025
viernes, 31 de octubre de 2025
martes, 28 de octubre de 2025
ATLÁNTIDA - SIGLO XXI DEL TERROR
miércoles, 22 de octubre de 2025
EL PERFIL DE LOS PERROS. LA VIOLENCIA DEL GÉNERO.https://rancholasvoces.blogspot.com/2009/03/convocatoria-espana-manifiesto.html
CD. JUAREZ, CHIH. JACK RO. La obra el perfil de los perros, escrita por la artista española Julia de la Rúa, se inscribe en una dramaturgia contemporánea que desafía las convenciones escénicas y propone una experiencia estética profundamente simbólica, en un enfoque político que muestra los problemas ontológicos más profundo de los instintos salvajes del ser humano.
En este texto se analiza la obra desde un enfoque social y cultural, estableciendo un marco historico que articula influencias del teatro ritual, político y feminista del siglo XX, así como elementos del teatro de la crueldad, el teatro posdramático y el teatro testimonial. Se propone una tesis teatral que sitúa la obra como un dispositivo escénico de resistencia frente a la violencia diversificada y estructural de géneros en el siglo XXI.
El perfil de los perros constituye una dramaturgia neoexistencialista que, mediante una poética escénica interdisciplinaria, convierte el teatro en un espacio de resistencia, sanación y reconstrucción identitaria. La obra no se limita a representar la violencia de género: la transforma en potencia creadora, en un lenguaje simbólico y en un acto político.
Una de las influencias más evidentes en la propuesta escénica es el pensamiento de Antonin Artaud, cuya concepción del teatro de la crueldad redefine la función del teatro como un acto de conmoción, desestabilización y catarsis. Para Artaud, el teatro debía abandonar la lógica narrativa y el confort del texto para convertirse en un ritual que sacudiera al espectador desde lo más profundo de su inconsciente.
En este sentido, Julia de la Rúa retoma y actualiza esta visión, construyendo una dramaturgia donde el cuerpo, el grito y el gesto adquieren una dimensión simbólica que trasciende el lenguaje verbal.
Artaud concebía el teatro como un espacio donde el lenguaje debía ser sustituido por signos físicos, gestuales y sonoros que afectaran directamente al sistema nervioso del espectador. Julia recoge esta premisa y la reinterpreta desde una perspectiva feminista y contemporánea.
El cuerpo femenino en escena no es objeto de representación, sino sujeto de enunciación, territorio simbólico y político. El dolor, lejos de ser estetizado, se convierte en potencia creadora, en grito ritual que busca redención.
La fragmentación de la narrativa no es solo una estrategia estética, sino una forma de romper la linealidad del pensamiento racional y abrir paso a una experiencia liminal. La obra se despliega como una sucesión de escenas poéticas, cargadas de tensión emocional, donde el espectador no permanece como observador pasivo, sino que es interpelado desde lo visceral. Esta interpelación se produce a través de atmósferas sombrías, musicalización dramática y una corporalidad que encarna el trauma, el deseo reprimido y la pulsión de muerte.
Además, la obra comparte con el Teatro de la crueldad la idea de que el teatro debe ser un acto total, una ceremonia que involucre todos los sentidos y que desestabilice las certezas del espectador. La musicalización, el uso de la luz como elemento dramático, la gestualidad extrema y el silencio como signo son recursos que de la Rúa emplea para construir una experiencia escénica que no se limita a representar, sino que transforma.
En este marco, la propuesta escénica puede ser leída como una actualización del teatro ritual, donde el escenario se convierte en altar, el cuerpo en ofrenda y el dolor en lenguaje. La crueldad no se entiende aquí como violencia explícita, sino como confrontación radical con lo real, con lo reprimido, con lo que la cultura ha silenciado. La obra no busca consolar, sino despertar, sacudir, abrir heridas para que puedan ser nombradas.
La puesta en escena se inscribe con claridad en las coordenadas del teatro posdramático, tal como lo define Hans-Thies Lehmann en su obra homónima (Postdramatic Theatre, 1999). Este paradigma escénico surge como respuesta a la crisis de la representación tradicional y propone una ruptura con la estructura narrativa lineal, el conflicto dramático clásico y la centralidad del texto como eje del acontecimiento teatral.
Julia de la Rúa desplaza el texto verbal hacia una función poética y simbólica, subordinada a la performatividad del cuerpo. La obra se construye como una sucesión de escenas fragmentadas, cargadas de tensión emocional, donde el sentido no se articula de manera lógica o causal, sino a través de asociaciones sensoriales, gestuales y afectivas. Esta fragmentación responde a una estética de la discontinuidad, donde el espectador debe reconstruir el significado desde su propia experiencia perceptiva.
Lehmann sostiene que el teatro posdramático no busca representar una historia, sino generar una experiencia. En este sentido, El perfil de los perros convierte el escenario en un espacio de afectación directa, donde el cuerpo en escena no actúa, sino que se expone, se vulnera, se transforma. La protagonista no narra su dolor: lo encarna. El cuerpo se convierte en archivo de memorias rotas, en territorio simbólico donde se inscriben las marcas de la violencia.
Otro rasgo posdramático presente en la obra es la disolución de los límites entre disciplinas. Julia de la Rúa articula elementos del teatro físico, la danza contemporánea, la instalación sonora y la poesía visual, generando una dramaturgia expandida que desafía las categorías escénicas tradicionales. Esta hibridez responde a una lógica transdisciplinaria que busca romper con la jerarquía entre texto y acción, entre palabra y cuerpo, entre forma y contenido.
Asimismo, el teatro posdramático se caracteriza por la descentralización del conflicto dramático. En lugar de una trama con progresión narrativa, El perfil de los perros propone una constelación de escenas que funcionan como unidades autónomas, pero conectadas por una atmósfera común: la violencia estructural, el dolor como potencia, la reconstrucción identitaria. El espectador no sigue una historia, sino que atraviesa un paisaje emocional, simbólico y político.
Finalmente, la obra comparte con el teatro posdramático la voluntad de interpelar al espectador no como receptor pasivo, sino como cómplice de la experiencia. La mirada del público se convierte en parte del dispositivo escénico, en un acto de reconocimiento, de confrontación, de memoria.
La obra El perfil de los perros se sitúa en una intersección potente entre el teatro político y el teatro feminista contemporáneo. Esta doble influencia permite a Julia de la Rúa construir una dramaturgia que no solo denuncia la violencia de género, sino que la convierte en materia estética, filosófica y corporal. El escenario se transforma en un espacio de resistencia, donde el cuerpo femenino no es objeto de representación, sino sujeto político que interpela, transforma y reconstruye.
El perfil de los perros dialoga con el teatro feminista radical de autoras como Angélica Liddell y Sarah Kane, quienes han explorado el trauma, la violencia estructural y la subjetividad femenina fragmentada desde una estética del exceso, la crudeza y la exposición del cuerpo. Al igual que en Una costilla sobre la mesa (Liddell) o Blasted (Kane), Julia de la Rúa construye una dramaturgia donde el dolor no se representa: se encarna.
La protagonista de El perfil de los perros no es una víctima pasiva, sino una figura en tránsito, que se transforma desde la animalización (“nació perra”) hacia la divinidad, la ciudad herida, la loba que resiste. Esta metamorfosis responde a una lógica feminista que busca desmontar los discursos patriarcales sobre el cuerpo, el género y la identidad, y proponer nuevas formas de subjetividad que se construyen desde la herida, pero no se reducen a ella.
Además, la obra se inscribe en una genealogía de teatro feminista que entiende el escenario como espacio de memoria, de denuncia y de sanación colectiva. La violencia de género no se presenta como un hecho aislado, sino como una estructura que atraviesa generaciones, territorios y lenguajes. Esta perspectiva interseccional y transdisciplinaria permite articular una crítica profunda al sistema patriarcal, sin caer en simplificaciones ni estereotipos.

En la obra teatral, el cuerpo en escena se convierte en territorio político. Cada gesto, cada silencio, cada herida visible o invisible es una forma de resistencia. La obra no busca representar la violencia: la transforma en lenguaje, en símbolo, en potencia creadora. Esta concepción del teatro como cuerpo político se alinea con las teorías de Judith Butler sobre la performatividad del género y con las propuestas de Silvia Federici sobre el cuerpo como campo de batalla en el capitalismo contemporáneo.
En el texto dramático se aborda la violencia de género no como un hecho aislado, sino como una estructura que atraviesa cuerpos, lenguajes y territorios. Julia de la Rúa redefine el género como una categoría fluida, en constante tensión, donde hombres, mujeres y ciudades se reinventan desde el dolor. Esta perspectiva se alinea con los postulados de Judith Butler sobre la performatividad del género y la vulnerabilidad del cuerpo.
La atmósfera sombría, dramatizada crea un tono nostálgico que configuran una estética neoexistencialista que dialoga con los dilemas del nuevo milenio en una fragmentación identitaria, se presenta una normalización de la violencia y la búsqueda de sentido en contextos de crisis (es decir hablamos de cómo las personas, en medio de situaciones difíciles —como pobreza, guerra, pérdida, desastres o conflictos sociales— tratan de encontrar un propósito, una razón para seguir adelante o una explicación a lo que viven.
Es una idea muy ligada a la filosofía existencialista: cuando todo parece caótico o roto, el ser humano busca reconstruirse, entender su lugar en el mundo y darle sentido a su experiencia. En conjunto, estas ideas se usan en tu texto para mostrar cómo el arte (o el escenario que describes) representa a un sujeto que vive en un mundo roto, pero que aún así intenta sanar, entender y reconstruirse). El escenario se convierte en metáfora del cuerpo herido, del alma que busca redención, del sujeto que se reconstruye.
Desde la semiótica teatral, la obra se construye como un sistema de signos donde cada gesto, palabra y silencio tiene una carga simbólica. La figura del “perro” funciona como metáfora del sometimiento, la lealtad impuesta y la animalización del cuerpo violentado. La protagonista, que “nació perra”, se transforma en loba, en diosa, en una ramera inmoral, herida en su amor propio que se reinventa, pero que jamás olvida.
La obra plantea preguntas sobre el ser, el poder y la libertad. ¿Qué significa ser mujer en una sociedad que normaliza la violencia? ¿Puede el arte ser un espacio de emancipación?. Explora el trauma, la pulsión de muerte y la reconstrucción del yo. Los personajes encarnan arquetipos y pulsiones reprimidas que emergen en el lenguaje corporal. Invita a una interpretación abierta, donde cada espectador reconstruye el sentido desde su propia experiencia. El teatro se convierte en un acto de denuncia transversal, donde el cuerpo es territorio de lucha y el arte, un grito colectivo.
El perfil de los perros es una obra que exige ser vista, sentida y pensada. Julia de la Rúa articula una dramaturgia que combina poesía, filosofía y activismo, convirtiendo el teatro en un espacio de resistencia y sanación. Su mirada sobre la violencia de género es compleja, profunda y actual, y su estética escénica refleja las tensiones del nuevo milenio.
En tiempos donde la violencia se normaliza y la identidad se fragmenta, esta obra nos recuerda que el arte puede ser un acto de rebelión, una forma de reconstrucción y un dispositivo político que atraviesa fronteras. El perfil de los perros no solo se representa: se encarna, se transforma, se recuerda.
jueves, 5 de junio de 2025
https://www.facebook.com/story.php?story_fbid=24669165729337086&id=100000110036383&rdid=VgTwSd1RzvDCRM4F#
Sociedades infectas que pululan envueltas en belleza ficticia. El sol de los instantes va horadando cuerpos dormidos o hastiados de tanta ignorancia. Ignorancia a la que se someten por mera comodidad, no por miedo a nada, sino que esa molicie les lleva a lo fácil y vano de la existencia, al no encuentro de la autentica belleza, al absoluto de la vida, al espíritu.
viernes, 30 de mayo de 2025
IYRHA Y LUNA CAMINOS CRUZADOS -------------------------------------https://aranyaeditorial.blogspot.com/2016/02/articulo-sobre-la-novela-yrha-y-luna.html
............ Caminando hasta
encontrar las callejuelas que rodeaban las cercanías de la biblioteca y que
estaban desiertas. A tan tempranas horas solo acudían los eruditos, poetas o
sabios que querían estar en absoluta soledad en sus estancias. Así que aquellas
calles estrechas solo eran habitadas por los sonidos aún débiles que salían de
las viviendas en las que ya comenzaban a despertar sus habitantes. Taisa sabía
que Homero estaría allí y quería hablar con él. Había estado indagando en sus
pensamientos acerca de la poesía y el amor, de la historia y de los nuevos
caminos. Para ella, el amor era un enigma en cuyo núcleo debería de estar la
pulsión primigenia y necesaria para sentirlo. De no ser así, jamás se sentiría
la verdadera energía. Homero era alguien que podría, sin duda, establecer una
correlación entre lo científico, lo natural o lo filosófico del Amor. Él sabía
como nadie de caminos y de lugares, ya que los había recorridos todos.
Llegó minutos más tarde hasta la
maravillosa arcada donde se encontraba la biblioteca. Siempre que llegaba el
rumor del silencio se acrecentaba y Taisa sonreía. Era como si el Big Ben de la
inercia de los cuerpos sutiles comenzara a sonar. Caminó resuelta hasta la gran
puerta de madera tallada que se abrió con gran ligereza. Los largos pasillos
adentraban a las grandes salas donde se almacenaban los miles de libros y
objetos que a Taisa siempre le hacían sonreír al observar tal magnitud de
palabras escritas en papiros. Caminó hasta un pequeño patio interior situado en
una especie de sala bastante retirada del resto de estancias, nunca supo si ese
patio era visitado por más gente ya que ella jamás vio a nadie. Sin embargo,
estaba cuidado y armoniosamente construido con piedras talladas, palmeras con
dátiles siempre maduros y un gran pozo en el centro de donde se podía obtener
una delicada y purísima agua. Alguna vez le había preguntado por qué siempre
estaba solo y él había contestado:
—Algún
día, tal vez en otra de tus vidas descubrirás el porqué.
Homero sostenía un vaso de té del que
bebía a pequeños sorbos con una especie de pajita que él mismo se liaba, hecha
con delicadas hojas de acacia. Taisa nunca había visto tomar el té de aquella
manera, pero desde que Homero le enseñó a confeccionar sus pajitas para
sorberlo, ya no lo había tomado directamente del vaso, cuando estaba junto a
él. Al verla entrar recogió el vaso preparado junto a un montoncito de hojas.
—Buenos
días, Taisa... Hoy has madrugado más.
—Sí,
algo me despertó y me hizo salir. Pero tú también has llegado antes —dijo
sonriendo cómplice.
—
A veces, mi amada, tu luz tenue me despierta en la noche. Entonces ya no puedo
dormir. Tomo té y vengo a esperarte o a sentirte si no vienes. Hoy he tenido
suerte, has venido.
—Sí,
Homero, me sucede lo mismo a mí. No puedo conciliar el sueño en noches en las
que un ángel me despierta haciendo ruiditos al batir sus alas. Ya sabes lo
insistente que es... hasta que no consigue levantarme y empujarme hacia un
nuevo viaje no para. Esta madrugada ni siquiera me ha dado tiempo a calzarme y
mira qué túnica llevo, está deshilachada... ¡pero me siento tan bien enfundada
en ella!...
—Amor...
tú sabes que es así de natural el camino. Si hubieras perdido el tiempo en
vestirte y calzarte, no habrías estado con el anciano ya que en esa mañana
debía partir pronto al mercado de frutas, tus pies no habrían sentido los
guijarros de la calle y el viento no habría entrado por los agujeros de tu deshilachada
chilaba para acariciarte.
Taisa
tomó el té que le ofrecía una mano anciana pero muy bella. Los dedos de aquella
mano eran rotundos y de color más claro que el resto de la piel. Aquellos dedos
que habían abierto y cerrado tantos libros... escrito tantas palabras parecían
haberse vuelto plumas blanquísimas de ave. Solo ella se había dado cuenta y un
día se lo había comentado a Homero.
—
¿Por qué tus dedos son tan pálidos y el resto de toda tu piel es tan oscura?
—Es
extraño que percibas el color de mis dedos, nunca nadie me había dicho nada.
Tal vez son tus ojos los que ven este color puro. Tal vez es que ya son alados
y pertenecen a un ala ajena a mí mismo.
Taisa tomó el vasito que contenía un líquido dorado y de intenso aroma. Se sentó en el suelo y lo colocó entre sus rodillas, apretándolo fuertemente. Notó una sensación de calor que la recorrió hasta los pies. Era confortable sentir una sensación tan intensa. Mientras, sus manos colocaron el montoncito de hojas de acacia ya secas que le había dejado el sabio Homero y, dispersándolas por la túnica, eligió una. Homero la observaba con gran complacencia. Ella le sometía a todo un ritual de impactante belleza. Cuando inclinaba la cabeza para liar la hoja, el pelo rizado y largo se enredaba entre las pestañas y los labios...y le confería una estética un tanto salvaje, por la gran libertad y viveza que imprimía a cada gesto. Sus manos pequeñas y dedos armoniosos liaban la hojita hasta convertirla en un diminuto palito con un agujero casi imperceptible. Parecía casi imposible que el dorado líquido pasase a través de él. Después, sujetaba el tubito entre los labios, de los que Taisa retiraba el pelo pegado a la saliva, y se acercaba el vaso. Se veía cómo el líquido disminuía y sus ojos, bellísimos, se cerraban. Entonces Homero tomaba un mechón de su pelo y jugaba con él mientras ella, extasiada, gozaba del delicado sabor. Después... el tiempo pasaba sin ser molestados por nadie, ni palabras lejanas, ni ruidos de la calle. Homero le contaba sus razones acerca de la Ilíada y la Odisea. Envueltos en una extraña danza de amor por el saber, desplegaban los sentidos... el tacto... el olor, el sabor del té que recorría las gargantas calentándolas anulaba toda clase de pensamientos superfluos. Homero exponía su continuo peregrinar por el mundo y su amor a la poesía, mientras Taisa, convertida en mujer paciente, escuchaba en silencio... asumiendo su condición de discípula. El sol iba introduciéndose en el pequeño patio al avanzar la mañana, entonces parecían despertar del trance. Homero recogía los vasos vacíos de té y los depositaba en una pequeña bandeja de madera de palmera, tallada y trenzada. Daba la mano a Taisa con gran determinación, aunque suavemente, la acercaba hasta una estancia donde solo había un pequeño catre cubierto por una tela que parecía ser de seda carmesí, allí la depositaba delicadamente y le extendía el pelo alrededor, observándola con placidez mientras él desvestía su cuerpo y se sentaba a su lado. Sin oponerse, dejaba que Homero tomase el extremo de su chilaba y sentía cómo lentamente iba subiendo la suave tela sobre ella hasta llegar a la cabeza y ahí alzaba los brazos para ayudarle a extraerla, era entonces cuando Homero daba su último estirón y depositaba en el suelo la prenda. Homero acariciaba su cuerpo, cada pliegue, cada poro de piel desnuda, que se encendían como diminutos volcanes invocando a los dioses que flotaban entre ambos... Sus cuerpos se atrapaban hasta convertirse en uno, del que el blanco y oscuro color de sus pieles, parecían ser convertidos en intensa sangre, de ardor y apasionado nirvana. Las horas daban lugar al juego del amor sin barreras, sin fronteras ni tabúes. Dedos y lenguas jugaban al unísono de sus pieles aviadas de sentir prodigios de amor... poros, que se destapaban o cerraban ante sutiles movimientos... ojos, que se abrían para observar el placer del otro y así saborear la esencia que despedía... Minúsculas gotas de sudor se aliaban con sus cuerpos, haciendo que se convirtiesen en más dóciles y resbaladizos... además un intenso olor se desprendía de aquellas gotitas convertidas en sudor dorado... El té y las hojas de acacia habían hecho posible que aquello sucediese y ella era la fiel, la dócil amante que se dejaba hacer, para alcanzar lo sublime a través de la mágica pócima realizada por Homero...Despertó.
La
música de la luz mediterránea se difuminaba por la habitación. Las cortinas
habían permanecido abiertas y recordó que por la noche no había querido
cerrarlas. La ventana era inmensa y además daba a una gran terraza, desde la
que se divisaba todo el impactante cielo. Vivía en un ático y de ahí que
tuviese la fortuna de poder alcanzar aquellas experiencias. Alguna noche se
negaba a taparse y dejaba su cuerpo desnudo... como si lo ofreciese en un
altar... entonces se quedaba dormida aferrada a su recuerdo, el recuerdo de
Yrha al que amaba. Besos a la almohada y los compases del cuerpo que se movía sensual
en un acto de coito espiritual, la adormecían. Entonces sentía a su amado
pegado en la espalda aferrado con gran fuerza a su cuerpo, así, hasta que
despertaba. Se levantó desnuda hacia el baño... el agua fría recorrió su cuerpo
y buscó la presión del agua como queriendo que rompiese su piel o sus huesos.
Había despertado como si viniese de un largo viaje a través del tiempo. Al
despertarse vio a su lado el montón de páginas numeradas de la larga carta que
Alejandro le había hecho llegar hablándole de su viaje imaginario a Alejandría.
Pensó en él y en la forma que tenía de llevarla hacia su amor. Sin duda
seguiría dejándole cartas. ¿Hasta cuándo? No lograba que su mente nivelara la
sensación del ayer y el hoy y frotaba con la esponja su piel hasta verla
enrojecer y con la sensación de estar más oscura, brillante... ¿Qué clase de
sueño o vida paralela había vivido aquella noche y por qué Homero la amaba en
su sueño? ¿Era ella, la Taisa del siglo XXI, u otra mujer a la que amaba
Homero? De inmediato recorrió el salón, llegó a la cocina, hizo un café y
acudió al ordenador. Allí, Yrha la esperaba con sus letras verdes... su «te
amo» la aliviaba y simplemente se dejaba llevar por aquel hilo conductor del
hombre que la seducía desde la distancia y la situaba en el cruce de caminos.
WWW.JULIADELARUA.COM
Araña editorial: Articulo sobre la novela Yrha y Luna, caminos cruzados. Por Vicente Rodriguez Ferrer
miércoles, 30 de abril de 2025
NO ESTAR ATADA
martes, 29 de abril de 2025
NO RECUERDA EL PERFIL DE LOS PERROS-
No recuerdo cuándo me hice débil y servil al maltratador, y lo peor, no recuerdo cuándo le hice a él serlo. De repente, estaba metida en el cono tan estrecho que apenas ni existía. Era el océano cerrado, fresco y perverso. Por qué consentía aquella vida obscena y tiránica. Los que estaban a nuestro alrededor para no poder evitar que mi ser débil me hiciese ser estúpida.
JULIA DE LA RUA RODRIGUEZ
lunes, 28 de abril de 2025
CÁLLATE BOCA / EL PERFIL DE LOS PERROS
Cállate. Boca.
Había escuchado. Cierra la boca. Cállate.
ssssssssssssssssssss
Cállate. Boca. No.
Aquel instante vi a la boca mujer caminar a cuatro patas en busca de su bozal. Su dueño la amedrentó de tal forma que ella misma se colocó el bozal que no solo le tapaba la boca sino toda la cabeza. El bozal construido del peor material.
EL DESPRECIO.
CÁLLATE. BOCA.
EL PERFIL DE LOS PERROS- OBRA DRAMATIZADA
lunes, 10 de marzo de 2025
CRISTALES ROTOS
Cristales rotos
miércoles, 5 de marzo de 2025
MANIFIESTO ¡BASTA YA!
MANIFIESTO
martes, 25 de febrero de 2025
FUI ENTREVISTADA POR JUAN CARLOS VÁSQUEZ
phttps://www.facebook.com/vasquezjuancarlos/
Julia De la Rúa es escritora, poeta y acuarelista salmantina, con amplia trayectoria artística que comparte como activista cultural con la gestión empresarial cultural.
Tan solo días después de la reapertura de la sede de la Araña Editorial «esta vez» en el emblemático barrio del Carmen, ahora cerrada a causa de la inundación que sufrió en enero de 2022. De la Rúa nos habló de sus inicios, de su obra y de este proyecto internacional ya consolidado en sus más de veinte años de existencia.
Hoy, Araña Editorial httphttps://www.facebook.com/vasquezjuancarlos/://aranyaeditorial.com/
y la librería La Telaraña comparten sede en pleno corazón de Valencia. Un proyecto que abarca todos los ámbitos del arte y que se abre al mundo sin distinciones. Un lugar al que apenas entras traslada a momentos e historias personales, gran potencial evocador que nos sitúan en lo prioritario del ser humano. Desde la exaltación del amor, hasta las perturbaciones más íntimas, un lienzo sensitivo como ejemplificación de tantos puntos de vista, así es la Araña.
—Me gustaría visualizar el lugar donde creciste, sus entornos, sus colores. ¿Crees que existe relación entre el mundo «onírico» de la niñez y la creación artística?, no lo intelectualices.
—Si no la hay, la creo fundamental. Nací en la Sierra de Béjar (Salamanca) una ciudad de ancestral historia y naturaleza en la que las estaciones se notaban todas y se las vivía de origen. El frío intenso, las nieves, los ríos de agua helada aun en verano… y lo más caótico por la estructura desigual del terreno en las calles y la huerta de mis abuelos en la que viví durante años. Allí descubrí la vida de los animales, los insectos, los árboles y las plantaciones de todo tipo de hortalizas… siempre vagando entre las mazorcas de maíz, los tomates, las zanahorias, los árboles frutales u otras plantas según las estaciones.
Los colores… Los recuerdos grises por la luz y las nieblas desde el otoño-invierno y muchos verdes y marrones por los árboles y los arbustos; los castaños abundaban, y las montañas aún en verano cubiertas de nieve, recuerdo las tormentas inesperadas que para mí eran un espectáculo sobrenatural, me encantaban.
No concibo el arte sin la naturaleza y sin ella la imaginación… en aquellos años tuve un amigo imaginario que me guiaba por los lugares más agrestes a los que me escapaba sola. Fue mi guía incluso en la adolescencia, me duro durante muchos años, incluso en algún momento tengo nostalgia en mis momentos de rebeldía y la pasión por saber y conocer el universo e incluso los comportamientos humanos más primitivos hacia la sobrevivencia… también recuerdo de continuo escuchar a los mayores hablar de guerras, de hambre, de dolor… de misterio y de miedo… creo que jamás he vivido tan intensamente como de niña.
¡Imposible separar lo «onírico» de la niñez de la creatividad!
—La Araña es una editorial de vanguardia, con muchos autores publicados y la experiencia de más de una década. ¿Cuál ha sido la mayor dificultad y la mayor alegría en el transcurso de este tiempo? ¿Qué consejos darías a los que comienzan en el campo editorial?
—Araña editorial ha cumplido 16 años. La mayor dificultad, la de encajar la estética y valores que creíamos que podíamos ofrecer y que aún hoy cuesta. Más difícil intentar hacer sentir empatía o sensibilidad hacia recuperar la verdadera literatura, que hemos perdido en cuanto a vocabulario, profundidad, valores creativos y honestos. Con el tiempo he descubierto que lo único que interesa cada vez más, es que se les edite sin pensar en los contenidos valiosos para los lectores, solo en la cantidad de títulos que pueden amasar, para cobrar protagonismo en los círculos, y eso cada vez es más común… lo cual empobrece notablemente todo contenido. El lucro como objetivo, y la vanidad de sentirse escritor ya desde un solo libro.
La mayor alegría… para mí la magia que conlleva crear el libro con estos parámetros y después luchar por su valor hacia los proyectos de lectura, la comunicación con los demás o el propio texto, el saber que el libro deja de ser del autor o autora y navega libre y será leído en libertad.
No sé dar consejos a las editoriales ya que están demasiado mercantilizadas la mayoría… Recuerdo a principios de los 80 que vivíamos otra filosofía, entonces yo trabajaba en la imprenta de nuestra primera editorial sobre textos en la Universidad de Valencia, eso sí que era puro arte, creatividad, compromiso y rescate de autores importantes; se buscaba la estética gozando cada minuto. Ahora se puede ver cómo la mayoría de los libros son todos iguales. Nuestra editorial no puede escapar de los que sentimos y seguimos creando como lo hacíamos en aquellos años, aun imperando nuevas tecnologías… El diseño, seguimos apostando por continuar buscando la fuerza de la belleza como objeto. Un libro es una responsabilidad enorme, ya que puede perdurar en el tiempo y eso cautiva mucho más a cualquier persona que pueda poseerlo.
—Tanto la literatura como el arte en general están condenados a juicios contradictorios. ¿Cómo se forma en Julia, esa cadena de sucesiones que constituyen el acto de la creación?
—Nunca he podido escapar de mí misma como creativa. Además, pienso y siento a la misma vez y a gran velocidad ¿Se llama el acto de tener ideas sobrenaturales? Son tan veloces que hablo y siento varias a la vez. Pintar o escribir es lo mismo… todo automático y de gran energía en movimiento. La contradicción es que existe la duda. Los principios de mis pinturas eran como las vivía interiormente. Pintaba mis montañas y a la vez cocinaba o hacía cualquier cosa en el hogar, después, me podía pasar horas observando «aquello» que había llenado el papel sin buscarlo.
Pasó un tiempo y quise saber qué sucedía si pintaba girando alrededor de un círculo, un punto… y ahí ya terminé buscando sentir a través del color formas y lugares inaccesibles para la mente. Sucede que cualquier suceso que me haga poner triste, me despierta y necesito pintar, y lo quiero hacer tan rápido que no soy capaz de hacer ninguna preparación… lo mismo con la poesía o componer algo de música. Expresionismo.
La literatura o el simple hecho de contar historias, desde niña tenía una gran capacidad de invención; mi primer libro escenificado en el Círculo de Bellas artes fue Historia de un vasito, uno de los cuentos que me inventaba para contarles a mis hijos de muy pequeños.
—Uno de los temas que me interesa investigar es tu idea de reivindicación, de ruptura: «De la esclava a la loba, ha matado a Dios como carga y se ha erigido en Diosa», versan las líneas introductorias de tu libro El perfil de los perros. Romantizar la escena y sin embargo volver a lo primitivo para establecer la venganza, una dualidad contrapuesta y al tiempo complementaria.
—En realidad, creo que desde niña tenía una libertad de ser yo, natural y muy vitalista, aunque por entonces no era consciente. Recuerdo ahora, que tú mismo lo comentas, que me decía para mí misma: «Cuando tenga 18 años, haré lo que me dé la gana». Aún me sucede, que me siento más sincera o mejor primitiva desde el mismo instante que siento o soy sin prejuicios de ningún tipo, por cierto, era muy melancólica, hasta la madurez.
No recuerdo que mis padres tuvieran que decirme qué hacer o decir… se acostumbraron a mi forma, e incluso yo mandaba o exigía que me tratasen bien, o el resto de hermanos o amigos. Creo que eso terminó dañándome, ya que utilizaban mi fortaleza sin importarles realmente qué necesitaba. Sigo siendo muy vulnerable, muy natural, y es verdad que no necesito vengarme, pero curiosamente pasado el tiempo la vida me hace ver cierta venganza con aquellos que me hicieron daño, incluso intelectualmente.
Yo creo que es absolutamente complementario todo acto primitivo, incluso con la duda, el miedo, el respeto y el compromiso de cómo sentirnos desde un plano espiritual, nada mental ¿Dios somos nosotros? ¿Podemos convertirnos en Él? «De la esclava a la loba, ha matado a Dios como carga y se ha erigido en Diosa». Esta frase me sigue intrigando mucho.
¡Lo siento, no me siento esclava, creo que tal vez sumisa o complaciente y definitivamente loba!
—Tienes una fascinación por la belleza y las cualidades del color. Mi asociación, insuficiente, no nos bastará para comprender el efecto de la luz sobre tu psique. ¿Qué ves en esos mundos oníricos y extrasensoriales que pintas?
—Pinto lo que la vida me provoca «creo que despedazada». Ciudades heladas, encarceladas. Humanos, guerras, políticas mal aplicadas, sensualidad, erotismo de vivir… energía girando en el cosmos. A muchos pintores les resulta incomprensible cómo puedo hacer trazos enormes sin haber dibujado antes. El movimiento no pensado, y la velocidad de mi brazo, va creando lo que siento. No pienso siquiera en el tono a utilizar, dejando que el pincel se pose en cualquier color. No me interesa hacer una obra para que la vean los demás, si no, que necesito conocer el más allá de la técnica preconcebida de cómo pintar acuarela, por ejemplo. Creo que es una especie escapatoria de las reglas establecidas. Esas reglas hacen que jamás se encuentre un estilo propio. El mío es mi salvaje forma de sentir.
La belleza para mí es la intensidad que vibra en toda estética. Nada es feo-solo insólito, o realmente espectacular y sublime como un atardecer en la cima de una montaña. La belleza es imprescindible para alcanzar la mejor forma de sentir la vida y ¡vivir! También en poesía la siento. La luz como ente, es algo que descompone y arrasa cualquier pensamiento prejuicioso y pueden ser pocos minutos los necesarios para hacer una obra que de pensar se multiplicaría por días. Para mí es fácil «utilizar mi espíritu» lo difícil es dejarme llevar por la parte racional.
—Tus libros El perfil de los perros, Pui-Mic, Dragoste y los finales y los sueños, (Yrha y Luna, caminos cruzados), etcétera. El amor, el enfrentamiento entre el bien y el mal, la filosofía, la mitología griega como un hilo conductor para establecer reivindicaciones de género. Dicen que todos los escritores escriben siempre el mismo libro. Cambian en circunstancia y tiempo, pero siempre en la misma búsqueda. Y a fuerza de nuevas respuestas para las mismas preguntas, de escribirte, de decirte una y otra vez, ¿es tu caso?
—Yo creo que en mí hay una necesidad imperiosa de conocer todas las sensaciones posibles y vitales para tener sentido, vivir. ¿Se siente o se necesita experimentar la propia existencia? Yo necesito experimentar.
Cuando era niña, preguntaba continuamente, ya que todo era misterio, enigma, fuerza y nadie me decía porqué.
¿Tú sabes cómo soy?, preguntaba incluso a desconocidos. Parece ser que me sentía frustrada y buscaba saber, conocer. Tenía crisis muy duras de abandono familiar, así que siempre busqué y experimenté todo aquello que no conocía, en soledad.
¿Siempre la misma búsqueda? Posiblemente, hasta que me puse a escribir contándome mis propios pensamientos como en Dragoste después Los finales y los sueños, impactó en mí el final de siglo que se confundía con el final del mundo o la caída de lo que hasta entonces se había creado como ciencia o políticamente, y me parecía ridículo, solo veía que íbamos cada vez más enfilados a lo banal.
La guerra de los Balcanes, el comunismo y de ahí, Pui-mic… fue escrita como respuesta a una de aquellas preguntas existenciales que había tenido siempre sobre la libertad y el amor. Qué contarte de ese diario. Jamás pensé que podía contestarme la vida de aquella manera, que me sirvió para experimentar y conocer a través de mi misma cómo la libertad es relativa y quizás sea una invención quimérica, que no existiese en realidad…
Cómo pude hacer en Yrha y Luna Caminos cruzados que Dios y Mefistófeles compitiesen para hacerme ver lo que yo quería saber sobre el amor trascendental de siglos atrás hasta nuestros días, y por primera vez sentir la presencia diabólica sin sentirme mal. Todo lo ancestral vino hacia mí de repente, a darme a conocer otra belleza, otra necesidad de pasar por el mal para encontrar el bien. Quizás fue mi vida oculta que no me importó escribir y dejar que los demás leyeran. Claro que busqué a mis amigos ancestrales a través del amor. Y surgieron amantes ancestrales, hasta llegar a los actuales mundos, de amantes extranjeros con gran sentido de la estética de los tiempos y las vidas siempre duras que habían vivido, al igual que yo los que me ayudaron a saber mucho más de mí.
Creo que la energía que somos prevalece…
—¿Alguna vez te has autocensurado?
—¡Me cuesta mucho hacerlo! No puedo. No lo hago en la escritura y la poesía, tampoco en la pintura. Comunicándome con los demás oralmente menos aún, aunque a veces interiormente me esté escuchando sabiendo que no me entienden o «meto la pata». Es quizás lo peor del ser humano autocensurarse. Es una tragedia increíble porque no se evoluciona y se muere sin saber qué es la vida a través de uno mismo.
—¿Cómo hacerles frente a esos pequeños grupos de «literatos» que normalmente se forman en las ciudades y se apropian del mensaje y de los espacios, esos que se resisten ante el cambio y las apuestas, los llamados expertos?
—Pues, en el fondo me entristecen, ya que realmente están llenos de prejuicios, son incapaces de sentir la creación, el poder de la imaginación. En realidad, ahora he descubierto que en el fondo no son capaces de sentir el vértigo apasionante de estos valores en el interior de sí mismos y frivolizan. Está siendo muy dañino este proceder, cercenando sin piedad una ideología muy positiva para las sociedades del futuro, ya que son capaces de hundir ideales y valores. Creo sin duda que están aniquilando sin piedad los derechos humanos.
¿Cómo hacerles frente?
Mientras los intereses mercantilistas sigan gozando protegidos de las malas artes que anulan la cultura, debemos seguir siendo honestos y no dándole importancia se les hace frente. Una dura labor, pero más gratificante que la de ellos.
—«Que nada nos defina. Que nada nos sujete. Que sea la libertad nuestra propia sustancia» —decía Simone de Beauvoir—. ¿En estos tiempos de conflictividad y caos, pero también de reivindicaciones que —en algunos casos— se utilizan para arrastrar a la ideologización del rebaño, sigues conservando la autonomía?
—Lo mismo digo una barbaridad, pero no creo en la reivindicación, al menos exigirles a los demás a través de la política. Sí, creo que ser uno mismo es algo mucho más positivo; deconstruirse y reconstruirse, ser, sobre lo aprendido y mejorarlo de continuo, y no caer en prejuicios y falsas vanidades. Pienso esto cuesta el doble trabajo, y tal vez por eso la moda de reivindicar algo que ya ha existido a lo largo de los siglos esté siendo utilizada para manejar los rebaños
Creo que sí sigo conservando la autonomía. Cada vez más porque ya no me importa estar sola en mi vida cotidiana o mis proyectos. A veces pienso que conozco a muchas personas, pero pocos se preocupan de mis sensaciones o de cómo soy. La sociedad es exactamente igual en un porcentaje muy alto. Nada parece genuino y las personas menos… me resultan muy aburridos los grupos, siempre he sido ajena a ellos. Me ha encantado vivir tantos años gestionando un centro de idiomas, cientos de personas del mundo, venían, me dejaban una huella y se marchaban. Energía humana en movimiento y uno a uno… últimamente eso dejó de existir… ahora si se reivindica algo tiene que ser en grupo, pocos se atreven a reivindicarse a sí mismos, su criterio, su voluntad… hoy creo que los humanos rebaños son mucho más numerosos. Indudablemente a mí misma me exijo culturizarme y hacer que las sociedades entiendan que toda reivindicación pasa por hacer sociedades más cultas y creativas, ¿cómo hemos llegado a la mediocridad extrema generalizada?, solo a través de la verdadera necesidad de ser comprometidos sin modernismos fraudulentos.
—Recientemente han mudado la sede de la Araña Editorial al barrio del Carmen. Si hay un distrito que concentra todo lo que Valencia representa, ese es el barrio del Carmen. ¿Cómo lo has interiorizado?
—¡Sintiendo de verdad el hogar de las artes, mi hogar!
Todos los credos, nacionalidades y las historias de siglos.
Experiencia para la experiencia y creo que aquí se puede vislumbrar la libertad de expresión. ¡Qué mejor me podía suceder a mis años!
—En una entrevista que diste en 2015 a la escritora mexicana, Carolina Chávez Rodríguez, decías: «Está claro que siempre he sentido la necesidad de justicia, verdad, por eso siempre he tratado de orientar mis proyectos a la necesidad de entrega y beneficios humanistas».
He conocido a dos Julias, una espiritual y valedora de los más grandes conceptos de compromiso con la justicia y la equidad… Y a otra transgresora, una outsider en la acción y en las letras. ¿Cómo es la interacción de estas «dos partes» que confluyen entre sí?
—A veces salvaje, captando la intensidad de la naturaleza y sus valores desde una profunda sensibilidad. Es algo sobrenatural y espiritual, otras la impotencia más terrible porque no se concibe cómo se ha llegado a unas sociedades basadas en el poder corrupto, la ambición política, corrupción incluso social, las guerras. Por otro lado, creo que me ha ayudado mucho ser empresaria en el centro de idiomas… y la editorial. Confluir con humanos de tantas nacionalidades ha sido vital. Para mí es fácil, simplemente es dejarse llevar como péndulo del tiempo y el espacio.
—¿Cuál de tus libros es el preferido? ¿No por su profundidad en el tema sino por tu relación con él?
—Todos han abierto puertas hacia lugares que necesitaba conocer, experimentar y habitar, tanto intelectualmente como personal. Ellos, han sido aventuras programadas por la misma vida. A todos les estoy muy agradecida.
—Al recordar Salamanca, más allá de tu infancia, ¿qué te viene a la mente?
—Un choque frontal muy duro en la adolescencia. Recuerdo cientos de rejas… las iglesias, las catedrales, los conventos de clausura, edificaciones militares, la universidad… pensaba de continuo qué habría detrás de la oscuridad de aquellas rejas. No me gustó… no concebía que el agua saliese de una fuente que encontré en una calle. ¿Por qué? ¿Para qué? Mi espíritu se hizo melancólico, no era capaz de confrontar la naturaleza con aquellas calles llenas de siglos construidas por inmensas piedras rosadas, solo después de unos años pude conocer la cultura, la lectura, los grandes poetas y los libros incluso prohibidos que nos traían clandestinamente de las librerías… el amor y los primeros besos y encuentros juveniles en la bellísima Plaza Mayor… casarme… Nada que ver con la magia de mis montañas, pero a la vez conocer un mensaje de siglos que dejaron los sabios se complementaron.
¡La Salamanca del saber!
—¿A qué lugar te gustaría ir que de momento no hayas ido?
—A uno en el que nada que existiese lo hubiera visto conocido antes. Que todo fuese nuevo y único… Puro… Supongo que solo existirá en el más allá.
—Ante una sociedad que vuelve al prejuicio, se aísla, que antes del confinamiento ya se autoconfinaba para estructurar con métodos de cálculo formas artísticas, adoptando de forma consciente o inconsciente «sistemas Inteligentes» que se hacen cargo de sus procesos mentales, o la tan recurrente lectura, reemplazada por combinatorias de imágenes, ¿cómo recompondrías lo antes mencionado con algún criterio, orientación o sentido?
—Habitar las artes, la música, la cultura general, la historia, suprimir el ego, practicar el amor, la bondad, ser felices… buscar el absoluto de la belleza… ¿Más? Volver a los rituales ancestrales…
¡Sonreír! Y cuidar más a los niños, futuras generaciones… Dejar que los humanos puedan ser longevos y mueran de muerte natural. Necesitamos de estos extremos humanos. Pureza y sabiduría.
—¿A qué genio elegirías para que te incluyera en alguna de sus obras como personaje o de algún otro modo?
—Alejandro Magno… Sí, ojalá hubiera viajado con él.
—¿Qué deduces de las distintas idiosincrasias de países que representan a los creativos al evidenciar sus experiencias, relatos y testimonios, después de tantos proyectos elaborados? También te quería preguntar sobre México. Viendo tu trabajo, leyendo entrevistas, es evidente que México ha sido importante para ti.
—Que es un regalo majestuoso de la vida. Compartir experiencias de tal calibre es una bendición del cielo. Nada comparable. ¿México? Creo haber nacido en él, en otra vida. Lo cuento en Yrha y luna, caminos cruzados. ¡Sin palabras!
—¿Estás trabajando en algún libro?
—Sí, una novela, pero la editaré con seudónimo masculino. Jajaja. Es una novela negra. ¿Será otra venganza hacia mí misma?
—El pensamiento intelectual, lleno de cortes epistemológicos se impone sobre los modelos de acceso argumental, ¿crees que este fenómeno es compatible con los tiempos actuales, con esa fragmentación de la que hablábamos?
—Es curioso que últimamente para definirme cuando se habla de mí, como intelectual y yo creo que no lo soy. Yo creo que, debido a la suerte de conocer a tantas personas, religiones, profesiones o caracteres culturales de todo el mundo, da para pensar que he estudiado historia, filosofía, ciencia… y no, en realidad he vivido experiencias notables muy profundas. En muchos momentos en conversaciones o intentando vender un libro siento que no me comprenden, antes me sentía frustrada, ahora procuro moderarme, no autocensurarme, ojalá pudiese encontrar círculos creativos en los que discutir sin pelear, hablar profundamente e indagar escuchando a gente sabia.
¡Me encanta la filosofía, cuando el editor de mis primeros libros, me decía que era la poeta de la duda, quise saber por qué me lo decía, y busqué en los libros y encontré a Ludwig Wittgenstein ¡y me fascinó! Y entonces escribí El Bosque de la Duda. Quizás no sea un gran libro, pero para mí fue un descubrimiento poder recibir el mensaje de un hombre que desarrollaba la búsqueda de la certeza. La ciencia igualmente me gusta, la física o la metafísica… las matemáticas nunca las entendí… ahora me fascinan y estoy recibiendo más información cósmica o intuitiva a través de los números.
¡No sé si es compatible esta forma de ser con lo que expreso, y tu pregunta, todo es tan caótico! ¡Recompongamos el caos!
—Muchos expertos consideran al Caos la única entidad existente originalmente, y que las deidades posteriores necesariamente debieron surgir de él. ¿Cómo reordenar ese elemento tan profundo y misterioso?
—¡Ves, esta pregunta contesta a la anterior! Exactamente pienso desde siempre que lo que expresan los expertos sobre el CAOS es la realidad.
Reordenar el caos es muy sencillo. ¡Paciencia y ser uno mismo!
Aunque surjan miles de catarsis.
—¿Qué viaje, qué momento, qué lugar recuerdas con mayor nostalgia o cariño?
—Muchos. Atardeceres en soledad o acompañada, incluso de mi perrita Coco… En una vida hay muchos momentos mágicos que recuerdo. Los viajes mentales también. En mi juventud los viajes por Europa del Este… ¿Nostalgia?
Tengo pensado repetirlos para no sentirla.
¿Con cariño? Mi niñez.
—Descríbenos tu mundo imaginario.
—Uissss ¡secreto! Siempre «la imaginación en el poder».
Julia de la Rúa es escritora, poeta y acuarelista salmantina, que vive desde hace años en Valencia. Considerada una de las artistas plásticas más interesantes de hoy en día. Sus acuarelas, con colores libres y sueltos, son —como ha dicho el profesor de literatura y lengua francesa Rachid El Marjani— una interactividad continua entre lo vivido, su vida y los demás, lo real y lo imaginativo, lo artístico y lo creativo. Como escritora, se caracteriza por la libertad en la expresión de los temas y su trasgresión a la hora de fusionar los géneros literarios clásicos.
A finales de los años 70 comienza en el mundo de la edición y la imprenta. Primero en la Editorial Rubio Esteban, donde, desde su departamento de reprografía, editaba e imprimía textos, libros, manuales y demás publicaciones para la Universidad de Valencia, la Universidad Jaime I de Castellón, la Universidad de Murcia y la Universidad Politécnica de Valencia.
En 1987 fundó el International Lenguage Center, un centro cultural dedicado a la enseñanza de idiomas, dirección de empresa y didáctica. Desde esa plataforma dedicada a sus alumnos y a las nuevas generaciones, Julia de la Rúa lideró la proyección social del arte en la ciudad de Valencia. Como escritora y artista plástica, ha trabajado —y sigue trabajando— por la difusión de las artes y la literatura, tanto las suyas —sus poemarios, sus acuarelas— como las de los demás. Por eso, en 1999 obtuvo el reconocimiento y la entrega de una mención de honor por su labor cultural y de fomento al arte del grupo «Alba y Camino. Colectivo poético literario musical Internacional» de Madrid.
Julia de la Rúa también ha colaborado con diversas revistas culturales (Alba poesía, Camino literatura, El Jardín, etc.), en blog poéticos y pictóricos o con el grupo de música étnica, de teatro El baúl.
Junto con la labor del creativo Enrique de la Rúa, hasta la actualidad han editado más de 300 títulos de novela, poesía, relatos, diarios, etc.
Araña Editorial es más que una empresa de publicaciones, más que una oportunidad para los jóvenes o incipientes escritores, pues incluye dentro de sus actividades exposiciones de pintura nacionales e internacionales y proyectos solidarios, entre ellos el tesoro de la semillas y la canción con música de Santiago Jara.
Juan Carlos Vásquez, Valencia, Venezuela. Ha participado en volúmenes colectivos y antologías en México, Chile, Estados Unidos, y España. Formó parte del grupo cultural Spanic Attack (Nueva York, 2004); The Hall (Miami, 2001) y del proyecto literario y artístico Mirages from an Unreal World by Laura Orvieto, Author house (New Jersey, 2010). Es autor del libro de relatos Pedazos de familia (Ediciones Estival, 2000). Obtuvo distinciones en los Concursos de poesía pro lingüístico y multimedia Premio Nosside (Calabria, Italia), ediciones 2005 y 2006. Finalista del concurso de microrrelato «Guka» Buenos Aires, 2018. Vásquez se trasladó a la Florida en 1999. Desde entonces ha vivido en Tampa, San Francisco, Nueva York y otras ciudades de Estados Unidos y España.

