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No recuerdo cuándo me hice débil y servil al maltratador, y lo peor, no recuerdo cuándo le hice a él serlo. De repente, estaba metida en el cono tan estrecho que apenas ni existía. Era el océano cerrado, fresco y perverso. Por qué consentía aquella vida obscena y tiránica. Los que estaban a nuestro alrededor para no poder evitar que mi ser débil me hiciese ser estúpida.
JULIA DE LA RUA RODRIGUEZ


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