Sobre DRAGOSTE y LOS FINALES Y LOS SUEÑOS
Conocí a Julia De la Rúa de una
manera asombrosamente casual, pues fue en mi propia casa, hace más de 8 años; y
se me reveló como una mujer distinta, espiritual, artista, atrevida,
emprendedora y simpatiquísima. Cuando aquello estaba planificando la inminente
apertura de su Araña Editorial, y tuve el privilegio de ser uno de los 3
primeros autores que poco después publicaría. En ese lapso de meses tuve mucha
relación con ella y sus hijos, con su academia de idiomas, con la historia de
su vida, con su novela PUI MIC (cuyo prólogo escribí) y con sus acuarelas en
principio naif y luego decididamente abstractas.
Siempre repito que, siendo yo un
inmigrante desarraigado y sin aterrizar bien aún, encontré en Julia la
promotora cultural que supo ver sin dificultades el tipo de artista que soy y
apostar por mi novela. Admiré en ella a la empresaria resuelta y a la matriarca
de una familia poco común en estos entornos: una familia libre y moderna,
despojada de religiosidades y prejuicios.
Es decir, conocí en Julia a la
mutación que había sufrido una mujer anterior, esclavizada por una sociedad
arcaica, extremadamente machista y dictatorial de derechas. Su divorcio la
llevó por el camino forzoso de reinventarse a sí misma, que incluyó una liberación
espiritual, o sea la adquisición de una autonomía que ahora necesitaba algo
parecido a la venganza; o sea rebelarse, al menos artísticamente, contra todo
aquel oprobio que significó su prematura nulidad.
Empezó a ser una mujer-flor, no una
mujer-florero, empezó a pensar femeninamente lejos del feminismo al uso, y
empezó a expresarse a través de la poesía y la pintura. De esa época datan
DRAGOSTE y LOS FINALES Y LOS SUEÑOS, que fueron editados como los 2 libros
independientes que son. Varios años después Julia los ha juntado para su
reedición, que cuenta con las ilustraciones de Luis Enrique Pérez Ostoa.
DRAGOSTE es básicamente un libro
sensual, primaveral. Es el estallido del deseo y la consumación de su gozo. Es
el sexo, la espiritualidad y la búsqueda del amor. Es el desquite, el
resarcirse después de una larga sequía. Esa temática inunda casi todo el
discurso, aunque aparecen ya aquí algunos poemas que empiezan a visualizar
contenidos más allá de lo interior y personal: los problemas de la sociedad
podrida y del mundo agonizante.
LOS FINALES Y LOS SUEÑOS habla
básicamente de eso, de la resaca del siglo XX: el más próspero en el desarrollo
de la ciencia y a la vez el más inteligente en el desarrollo de la imbecilidad
humana. Recuerdo ahora el título de una canción de Santiago Feliú (un trovador
cubano) que habla de lo mismo: "Náuseas de fin de siglo". Este libro
también está salpicado por otros poemas más intimistas; de modo tal que,
efectivamente, DRAGOSTE y LOS FINALES Y LOS SUEÑOS son como dos caras de la
misma moneda.
Recordando 2 de sus otros libros:
En EL PERFIL DE LOS PERROS Julia cultiva la prosa poética, y en PUIC MIC la
prosa-prosa. Es decir, Julia fluctúa entre el verso y la prosa, pasando por
todas sus gradaciones; y hay algo común en todos sus textos: se trata de
escritura automática, que sale directamente de su cerebro y se
"grafica" a través de sus manos como pulsiones de un
electrocardiograma. No son textos elaborados en el papel sino en el cerebro;
ese es el rasgo fundamental de toda su literatura, y también de sus acuarelas y
-últimamente- pasteles.
Para terminar, hablaré de la Julia
empresaria y promotora cultural: Con Araña Editorial continúa apostando -como
siempre ha hecho- por autores desconocidos, ya sean jóvenes o mayores; y
paralelamente lleva un proyecto de exposiciones llamado PRIMITIVISMO FEMENINO,
cuya tesis ahonda en los peligros del feminismo ortodoxo, que lejos de liberar
a la mujer la degenera, convirtiéndola en un títere más de la gran maquinaria
ominosa.
Marzel



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