miércoles, 8 de diciembre de 2021
talento primitivo en la "formalidad" del papel. Julia De la Rúa
Sobre la pintura de Julia De la Rúa.
Julia es, entre muchas otras cosas, pintora. Ella piensa y dice que su faceta principal es escribir, escribir poesía. Pues eso es lo que hace cuando pinta, su pintura es poesía pintada, una voluntad trasladada al universo del pincel y la mancha. Julia, cuando pinta, cambia la disciplina de la pluma y la aparente docilidad de las palabras por un pincel indisciplinado que juega, comprime y desprende manchas. Intentar acotar o ubicar los cuadros de Julia nos llevaría a un rotundo fracaso porque ella es donde no se encuentra y, cuando crees que sabes algo, no sabes nada, cuando intentas expresar certezas, aparecen las dudas. Como si a su pintura no se le pudiera atribuir ninguna formalidad o formalidad. Julia siempre escapa a cualquier pretensión de encuadre.
¿Qué es el cuadro de Julia de la Rúa? La pintura de Julia es el alma de Julia, en una extensión de su poesía, es su descontento, su inconformismo. Por encima de los colores, por encima de las formas, está su vuelo. Necesita volar, volar, volar para sentirse libre y es precisamente en el cuadro donde la veo levitar, levitar y volar. Es en el cuadro donde la veo libre. Ese concepto de libertad
que puede afrontar todo determinismo, ese vuelo que lo desencadena por encima de las consideraciones temporales o espaciales, por encima de la mezquindad, la mediocridad. Julia consigue que la pintura sea la transmigración del alma hacia las inmensidades, es decir, una locura, una pasión desatada. El cuadro de Julia refleja, sobre el papel, el duende, la existencia de su pensar y su no pensar, el choque de la tristeza con su alegría, la victoria de su locura sobre la cordura amañada, su capacidad para encontrarse, sorprenderse, ser Impresionado, expandir, sí expandir su indisciplina de vuelo, su determinación involuntaria, su mano libre y liberadora, su gesto rápido, su pulso al mundo. La realidad de su cuadro, un laberinto tejido sin puertas, sin ventanas, sin paredes. El tiempo sedimentó sobre el hojaldre de sus obras.
En un alarde de atrevimiento nuestra mirada y nuestra mente se ven tentadas a retenerla en alguna franja de surrealismo, pero eso es ubicarla, constreñirla.
Julia como pintora es un objetivo que cualquier "ismo" querría para ella con el objetivo de ampliar su nómina.
Julia hace una pintura libre, bella y libre, barroca y libre, gestual y libre, personal, única, raíces taoístas sin catálogos.
Gracias Julia por darnos tu talento primitivo en la "formalidad" del papel.
Bayarri de la Paz. 5.3.2020.
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