miércoles, 6 de octubre de 2021

EL CARBONERO --------------- NICOLAS FIKS

 

El carbonero

No pretende ser exacta la leyenda que Julia me contó; tampoco sería estético que lo fuera. El horror es siempre repulsivo aunque en ocasiones moralizante (los héroes de las guerras o de las pestes por dar un ejemplo). Lo que sé y que ahora me mantiene insomne, lo que sé y que ahora me esta matando es la obsesión de una historia peninsular, de vaga ascendencia e incierto desenlace. Se pierde en la noche de los tiempos junto a La Gardaña y al demonio Pedro Trabajos: sociedades secretas y supersticiones de la mística España.

Fue en los últimos meses del año que pasó, en una ciudad de calor sofocante y pobreza extrema; a la vera del Río Dulce donde San Francisco Solano catequizó.

Yo me encontraba investigando las propiedades del agua termal que nace de las napas, cuando el llamado de Julia, desde España, me trastornó.

No fue la historia más interesante que escuché ni la más inverosímil. Julia me habló del personaje vasco o quizás navarro llamado Olentzero, conocido como El Carbonero, quien vive ermitaño en los montes y cada navidad desciende al pueblo para obsequiar regalos a los niños pobres.

Pio Baroja dice que la caridad sucede en San Sebastián, que lo llaman Orentzaro y que trabaja en las minas de carbón.

Mientras Julia me narraba la historia pensé en el detalle de que El Carbonero acaricia los vientres de los niños, y que aquellos que están famélicos son los primeros en recibir los regalos: un generoso plato de comida.

Cuando corté el teléfono me sentí un inútil y un egoísta, un mal elegido que pierde su tiempo en el estudio vano de la ciencia mientras los niños padecen; un avaro que ignora los rostros sufrientes del hambre.

Aquella noche y las siguientes ya no dormí: la culpa me roía y no dejaba de imaginar el desvelo del inocente que no come, que toca su vientre flácido con sus manitas flacas y busca respuestas en la madre que también llora.

En algún momento de alguna madrugada me prometí que sería yo quien paliase el dolor de los chiquitos.

El pueblo me rechaza; como El Carbonero soy un ermitaño. Me deslizo tarde por la noche. Mi nombre es infame y mi piel, golpeada, es oscura como el carbón.

Aguardo que los niños pasen, en los caminos secos, de los pueblos alejados, y entonces me abalanzo sobre ellos y con desesperación acaricio sus vientres. Luego escapo a los montes.

Temprano por la mañana dejo un plato de comida junto al cuerpo que ya no desespera por el hambre.

NICOLAS FIKS

ESCRITOR



No hay comentarios:

Publicar un comentario