El perfil de los perros
Julia De la Rúa
Sinopsis
Tras su novela Pui-Muic (Aranya Editorial,
2005), Julia De la Rúa vuelve al espacio literario con El perfil de los
perros. Y lo hace con la misma fuerza y sinceridad ya expresada en aquel
anterior libro.
Esta nueva obra, dividida en tres
partes, es una denuncia y un alegato, un hastío y una esperanza, un golpe y un
beso. Así de versátil y compleja. Una denuncia del estatuto de la mujer en la
sociedad contemporánea, tan viril. Y un alegato, asimismo, a favor tanto de una
óptima consideración del género femenino, en igualdad con el masculino, como de
un nuevo entendimiento —y una nueva relación— entre sexos. Con hastío de
aquello y esperanza en esto, la autora combina el golpe a la hipocresía, el
maltrato y el desprecio a la mujer —tratada como un perro— con el beso
entregado al hombre. Y es que, más que un feminismo recalcitrante, hay en El
perfil de los perros una llamada a la Humanidad, o al género humano, por
encima de la diferencia, abstracta, de los sexos. En todo ello, siempre es un
ejemplo, piensa Julia De la Rúa, la solidaridad natural de los animales. Por
eso, lo natural, o lo primitivo, va ganando protagonismo según avanzan las
páginas de este libro. Su perfil va adquiriendo la profundidad de un ladrido.
Por medio de diversos dispositivos
textuales —poesía, prosa, ensayo, diario, relato, etc.—, Julia De la Rúa tiene
la voluntad de romper con los géneros literarios más clásicos. De
naturalizarlos. Lo más formal, aquí, es también, por tanto, asunto de contenido.
Pues transgredir las clasificaciones poéticas más consagradas —«Me asquea ser
una lírica poeta», dice— expresa el ansia y la necesidad de libertad, verdad o
autenticidad de la autora allí donde los conceptos, las palabras, los gestos,
las existencias son neutros, vagos, abstractos, pétreos, sin vida y, en
consecuencia, injustos. Muy injustos. Trágicamente injustos. Sobre todo cuando
pretenden, así, dominar, subyugar o tripular a esa «mujer-velero» (Nietzsche),
que siendo —se dice— de pacífica, bella e inmaculada esencia, sólo vive para
albergar, acoger y aguantar el deseo, el poder y, a veces, el guantazo y el
puñal del hombre —«Y mi vientre a patadas me hinchas / o con un poco de suerte
/ de hijos lo llenas»—.
Libertad, verdad, autenticidad. Tan
puras como una niña. Tan primitivas. «Y camino primitiva...». Por el perfil del
perro. Estrecho.
No obstante eso, ni Julia De la Rúa
está sola ni camina sola. Y es que este modo de hablar de ella, tan
autobiográfico como en Pui Mic, posee alcance universal. Se dirige a
todos y todas porque de todas y todas se trata. Sus lectores y lectoras
marchan, pues, con ella. Marchamos. Marchemos.
En este libro personal y universal
no cabría olvidar, de ninguna manera, su voz original, primera, admirada. La
que le inspira. Su vate más importante. Quien con ella, siempre, ya camina,
primitivo. Ya que El perfil de los perros empieza y acaba, vive y
resucita, como homenaje al poeta salmantino —libre donde los haya— Remigio
González “Adares” (1923-2001). Su recuerdo, pero su ejercicio poético de igual
forma, es la mejor manera de dar «verdad al mundo».
ANDRES ALONSO MARTOS- FILOSOFO

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