Julia De la Rúa | Una vida por el arte
No es sencillo escribir sobre una mujer como Julia -aunque decir que tenemos 10 años de correspondencia epistolar se quede corto-. No es sencillo, sobre todo porque se desdobla y reinventa con una permanencia que parece inagotable, como las estaciones del año. A veces Julia primavera que se viste de versos poderosos, otras tantas, sus acuarelas que emulan los tonos marrón de la hojarasca la convierten en Julia otoño. Lo que parece constante es la fuerza de la lucha periférica que ha emprendido desde muy joven, tiene registro en fotos familiares con sus agrestes rizos al viento, explorando y replanteando las reglas del juego, en un mundo donde ser indómita tiene altos costos en las esferas de cultura segregarias que ostentan el poder.
El reto no ha significado impedimento para avanzar con el compromiso de una pionera en la apertura de brecha en la construcción de un lenguaje femenino y tácitamente salvaje en el mundo del arte en España, cuyo nombre se ha expandido a otros rincones del mundo, donde la hemos acogido cariñosamente en nuestros hogares –aun ella sin saberlo-.
Aventurera, lúdica, rebelde y comprometida; la poeta salmantina escribe en 1996 el cuento Historia de un vasito, que narra el enamoramiento de un vaso atípico por la camarera que bebe en él todos los días, el cuento fue posteriormente representado musicalmente en el acto cultural Cuentos con Notas. Circulo de bellas artes . Valencia. España. Dirigido por Encarna Beltran.
Tras las andanzas que abarcarían toda la década de los 90, Julia comienza a participar en antologías poéticas del Grupo internacional de poesía y literatura Alba y camino, en Madrid.
Ya para 2005 habría publicado su primer novela Pui-mic, en Araña editorial, casa que ha sido el espacio de convergencia y asilo de decenas de artistas alrededor del mundo.

(La poeta salmantina en Valencia con reboso mexicano. 2019)
Araña, la bella araña. La araña ponzoñosa, que ha dejado perplejos a los entusiastas de las mentiras, la banalidad y la artificialidad pues Julia a la cabeza, ha demostrado resolutivamente que en este mundo lleno de contrastes y miseria, hay cabida aún para las dudas, las nuevas voces, las voces involuntariamente ocultas y los deseos de transformar solidariamente a través del arte.
Nómada, -como sin reparo se asume-, ha construido una trayectoria destacada en el mundo de las letras, la pintura, la estética y el activismo cultural que me llevó a cruzar 9020 kilómetros para ser espectadora personal de que Julia De la Rúa, es una artista integral: lo mismo haciendo alquimia con una tortilla de patata rodeada, que abismada en los libros de la colección privada que resguarda en su casa.
Reinventiva, sí, y tal vez más cínica -por fortuna- con el tiempo. Pero niña, naïf en el lienzo y la palabra.
—Espabila, Carolina, ¡espabila! me dice Julia, con sus ojos verdes, mientras apura el paso.
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