jueves, 30 de enero de 2020

CARTA A JULIA DE LA RÚA- EMILIO TADEO BLANCO


     Estimada Julia de la Rúa:

     Soy Emilio Tadeo. Nos conocimos en el redondo acto de presentación del libro de  Mar Bravo 
DEVANEOS  ENTRE LA SOMBRA Y LA LUZ.  Estuvimos hablando de Salamanca, Béjar, Adares, Urueña, el mundo editorial y algunos temas más.  Ya por ese empático conocimiento espero que permitas que te trate ( y que nos tratemos) de tú. 
     Fue para mí toda una sorpresa encontrarme con un lugar tan agradable en Valencia, LA BELLA ARAÑA EDITORIAL en buena medida tu artística casa laboral, y sobre todo con un ambiente personal tan acogedor, comenzando por tu trato afable y exquisito. Muchas gracias.
     
Más me ha sorprendido la lectura de tu libro El perfil de los perros, que me he leído con cuidado en estos días más de magos que de reyes y a la espera de seguir con Dragoste y los finales y los sueños. Claro que he leído el profundo, filosófico y lingüístico análisis, a cuatro manos, de Andrés Alonso y Rocío Garcés, que me parece muy acertado, pero no me puedo sustraer al deseo de enviarte mi experiencia personal de lector, al margen de apreciaciones academicistas. Bien sé que para ti el libro puede tener ya algo de agua pasada (aunque intuyo que no debe de ser muy pasada), pero para el lector actual, como yo, el libro es nuevo, como la caliente hogaza recién salida del horno de la tahona. 
     Ha sido una sorpresa, una muy agradable sorpresa de comienzo a fin. Partes en tu  libro de un inicio pautado, encargado, esa fórmula mágica y superrealista de Adares, El perfil de los perros, ese camino muy estrecho. No es nada fácil, para comenzar, escribir bajo una consigna externa. Pero desde el mismo inicio tu poesía se apropia de la consigna, la absorbe, la asimila y la hace propia. El perfil de los perros pasa a ser Julia de la Rúa. Y como si al lector le cayera un cántaro de agua helada en pleno invierno, se ve inmerso en una valiente y muy arriesgada denuncia del maltrato, del maltrato procedente además de la persona amada, del hombre deseado. Maltrato psicológico pero también, más o menos simbólico, físico. De ahí, en un proceso no exento de lógica, tu poesía extrae una de las imágenes más atrevidas de la lírica femenina contemporánea: la mujer como perra. Hace falta mucho coraje no solo para plantear esa identificación, tanta que en el comentario de Andrés Alonso y Rocío Garcés, se desplaza muy púdicamente  la figura hacia una nueva estructura que no se explicita nunca en tus versos: "el ser humano es un perro". Lo tuyo es mucho más duro, radical y severo: "Perra a dos patas /Perra... o simplemente / Mujer..." Porque lo que más sorprende de tu poesía en esta fase es tu reivindicación de ese ser perra tan cargado de connotaciones negativas en el lenguaje convencional pero ponderativo en tu poesía. 
   Todo ese convencionalismo revienta en esta poesía con ese orgullo de ser, más que sentirse perra (y hasta duele decirlo así). Pero tu libro no se detiene ahí. En pasos naturales avanza, de modo que llega a la exaltación de la hembra, de sentirse hembra (incluso con mayúsculas, HEMBRA), por encima incluso de ser y sentirse mujer (a veces hasta con connotaciones peyorativas). A partir de aquí sí se da un salto cualitativo: de la denuncia más o menos personal, se pasa a la denuncia de la inhumanidad generalizada, de la violencia, de los gobernantes, del armamentismo, de la ciudad fría, de las convenciones sociales estúpidas, del crimen contra la naturalidad y contra la naturaleza, contra la sensualidad, la sexualidad o el erotismo, de la falta, al mismo tiempo, de espiritualidad, porque no son términos contradictorios. De ahí la "guerra" de la mujer, que no acepta un papel pasivo, contra todo aquello que la encadena, reprime y amordaza. Y esa mujer-perra (cuesta escribirlo), grita y clama, y renuncia en buena medida al lenguaje simbólico dominante y casi a cualquier tipo de retórica, al comienzo del libro, para explayarse sin límites ni prejuicios ni eufemismos, a veces con palabras rotundas e impactantes, que denuncian pero no esconden ni disimulan su deseo. En efecto, es un libro muy valiente, que avanza en eso que se suele llamar generalizando feminismo, pero de la forma más personal y radical, visceral, de la forma más válida, sin plegarse a ninguna consigna externa ni manual de acción o pensamiento.      
  Para mí hay un poema que recoge y sintetiza todo este complejo programa: Nací para habitar la Belleza, una exaltación de la libertad primigenia de la mujer y, por extensión, del ser humano y, al mismo tiempo,denuncia de las limitaciones, represiones o encarcelamientos sociales.
   Los poemas de Adares, al final del libro complementan felizmente ese planteamiento inicial de libro escrito a dos voces (aunque la predominante sea la tuya, evidentemente), y el texto citado de Andrés y Rocío es un perfecto colofón, aunque prefirieron no recoger el guante de tu extrema y casi martiriológica desnudez lírica, cierto que muy difícil o casi imposible de mantener, y derivar el mensaje del hablante poético, el individual y personal tuyo (lo propio del poeta), hacia los derroteros generales y filosóficos. Y tus dibujos, aunque sean en blanco y negro -cuando son tan ricos de colorido-, son esa guinda que culmina esa amarga, muy amarga pero esperanzada, al fin y al cabo, obra tuya, El Perfil de los perros.
   Enhorabuena, Julia, y gracias, por tu gran libro. Y saludos también para tu hijo Enrique                                                                                                                             Emilio Tadeo Blanco

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