Estimada Julia de la Rúa:
Soy Emilio Tadeo. Nos conocimos en el redondo acto de presentación del
libro de Mar Bravo
DEVANEOS ENTRE LA SOMBRA Y LA LUZ. Estuvimos hablando de Salamanca, Béjar,
Adares, Urueña, el mundo editorial y algunos temas más. Ya por ese
empático conocimiento espero que permitas que te trate ( y que nos tratemos) de
tú.
Fue para mí toda una sorpresa encontrarme con un lugar tan agradable en
Valencia, LA BELLA ARAÑA EDITORIAL en buena medida tu artística casa laboral, y sobre todo con un
ambiente personal tan acogedor, comenzando por tu trato afable y exquisito.
Muchas gracias.
Más me ha sorprendido la lectura de tu libro El perfil de los perros,
que me he leído con cuidado en estos días más de magos que de reyes y a la
espera de seguir con Dragoste y los finales y los sueños. Claro que he
leído el profundo, filosófico y lingüístico análisis, a cuatro manos, de Andrés
Alonso y Rocío Garcés, que me parece muy acertado, pero no me puedo sustraer al
deseo de enviarte mi experiencia personal de lector, al margen de apreciaciones
academicistas. Bien sé que para ti el libro puede tener ya algo de agua pasada
(aunque intuyo que no debe de ser muy pasada), pero para el lector actual, como
yo, el libro es nuevo, como la caliente hogaza recién salida del horno de la
tahona.
Ha
sido una sorpresa, una muy agradable sorpresa de comienzo a fin. Partes en
tu libro de un inicio pautado, encargado, esa fórmula mágica y
superrealista de Adares, El perfil de los perros, ese camino muy estrecho. No
es nada fácil, para comenzar, escribir bajo una consigna externa. Pero desde el
mismo inicio tu poesía se apropia de la consigna, la absorbe, la asimila y la
hace propia. El perfil de los perros pasa a ser Julia de la Rúa. Y como si al
lector le cayera un cántaro de agua helada en pleno invierno, se ve inmerso en
una valiente y muy arriesgada denuncia del maltrato, del maltrato procedente
además de la persona amada, del hombre deseado. Maltrato psicológico pero
también, más o menos simbólico, físico. De ahí, en un proceso no exento de
lógica, tu poesía extrae una de las imágenes más atrevidas de la lírica
femenina contemporánea: la mujer como perra. Hace falta mucho coraje no solo
para plantear esa identificación, tanta que en el comentario de Andrés Alonso y
Rocío Garcés, se desplaza muy púdicamente la figura hacia una nueva
estructura que no se explicita nunca en tus versos: "el ser humano es un
perro". Lo tuyo es mucho más duro, radical y severo: "Perra a dos
patas /Perra... o simplemente / Mujer..." Porque lo que más sorprende de
tu poesía en esta fase es tu reivindicación de ese ser perra tan cargado de
connotaciones negativas en el lenguaje convencional pero ponderativo en tu
poesía.
Todo ese
convencionalismo revienta en esta poesía con ese orgullo de ser, más que
sentirse perra (y hasta duele decirlo así). Pero tu libro no se detiene ahí. En
pasos naturales avanza, de modo que llega a la exaltación de la hembra, de
sentirse hembra (incluso con mayúsculas, HEMBRA), por encima incluso de ser y
sentirse mujer (a veces hasta con connotaciones peyorativas). A partir de aquí
sí se da un salto cualitativo: de la denuncia más o menos personal, se pasa a
la denuncia de la inhumanidad generalizada, de la violencia, de los
gobernantes, del armamentismo, de la ciudad fría, de las convenciones sociales
estúpidas, del crimen contra la naturalidad y contra la naturaleza, contra la
sensualidad, la sexualidad o el erotismo, de la falta, al mismo tiempo, de
espiritualidad, porque no son términos contradictorios. De ahí la
"guerra" de la mujer, que no acepta un papel pasivo, contra todo
aquello que la encadena, reprime y amordaza. Y esa mujer-perra (cuesta escribirlo),
grita y clama, y renuncia en buena medida al lenguaje simbólico dominante y
casi a cualquier tipo de retórica, al comienzo del libro, para explayarse sin
límites ni prejuicios ni eufemismos, a veces con palabras rotundas e
impactantes, que denuncian pero no esconden ni disimulan su deseo. En efecto,
es un libro muy valiente, que avanza en eso que se suele llamar generalizando feminismo,
pero de la forma más personal y radical, visceral, de la forma más válida, sin
plegarse a ninguna consigna externa ni manual de acción o pensamiento.
Para mí hay un
poema que recoge y sintetiza todo este complejo programa: Nací para habitar
la Belleza, una exaltación de la libertad primigenia de la mujer y, por
extensión, del ser humano y, al mismo tiempo,denuncia de las limitaciones,
represiones o encarcelamientos sociales.
Los
poemas de Adares, al final del libro complementan felizmente ese planteamiento
inicial de libro escrito a dos voces (aunque la predominante sea la tuya,
evidentemente), y el texto citado de Andrés y Rocío es un perfecto colofón,
aunque prefirieron no recoger el guante de tu extrema y casi martiriológica
desnudez lírica, cierto que muy difícil o casi imposible de mantener, y derivar
el mensaje del hablante poético, el individual y personal tuyo (lo propio del
poeta), hacia los derroteros generales y filosóficos. Y tus dibujos, aunque
sean en blanco y negro -cuando son tan ricos de colorido-, son esa guinda que
culmina esa amarga, muy amarga pero esperanzada, al fin y al cabo, obra tuya, El
Perfil de los perros.
Enhorabuena, Julia, y gracias, por tu gran libro. Y saludos también para
tu hijo Enrique Emilio Tadeo Blanco
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