Primitiva
“Álzanse ya ahora voces femeninas que,
por ¡san Aristófanes!, hacen temblar, se nos amenaza con decirnos con claridad
médica qué es lo que la mujer quiere ante todo y sobre todo del varón.
¿No es de pésimo gusto que la mujer se disponga así a volverse científica?”.
F. Nietzsche, Más allá del bien y del
mal, aforismo 232.
“¿No será la verdad una mujer cuya razón
de ser consiste en no dejar ver sus razones?”.
F. Nietzsche, “Prólogo” a La gaya
ciencia.
Nací para habitar la belleza, para beber de los ríos
Para cabalgar en los páramos
Para retozar en los valles
Para oler los madroños
Para acariciar el tronco de los árboles
Para escarbar en la tierra en busca de frutos
Para dejarme mecer por los aires.
Nací pájaro a la deriva, o cabra que escala arañando sus pezuñas
O caballo libre sin amo
O cigüeña en lo alto de la montaña
O estrella en la noche, o luna, o sol ardiente
Sin embargo
Soy mujer
Que habita la ciudad
Donde los árboles están encarcelados
Donde los perros van atados
Y los pájaros enjaulados
Maldita ciudad
Donde llueve sucio
Donde se bebe sucio
Donde se ata el alma como a los perros…………………………………………………….
Armas de mujer
y
guerras sin nombre
“Con respecto a todo lo que las mujeres
escriben sobre ‘la mujer’, es lícito reservarse una gran desconfianza acerca de
si la mujer quiere propiamente aclaración sobre sí misma — y puede
quererla...
Si con esto una mujer no
busca un nuevo adorno para sí —yo pienso, en efecto, que adornarse forma
parte del eterno femenino—, bien, entonces lo que quiere es despertar miedo de
ella; con esto quizá quiera dominio. Pero no quiere la verdad. ¡Qué le
importa a la mujer la verdad! Desde el comienzo, nada resulta más extraño,
repugnante, hostil a la mujer que la verdad — su gran arte es la mentira, su
máxima preocupación son la apariencia y la belleza”.
F. Nietzsche, Más allá del bien y del
mal, aforismo 232.
Música y
perfiles. Piano absorto. Mirada en vez de oídos. Blues que tocan dedos veloces y voces que roban un poco de poder al
sonido en movimiento.
Chelo,
piano, platillos y voz suicida de tiempo que no traspasa.
Ratatatatatatatata...
Maldita
taladradora de cerebros desvalidos.
¡Cuántas
guerras en mi vida! Si lo pienso bien, ¡qué gran belleza han poseído!
¡Qué
guerras más sublimes y aleccionadoras e imprescindibles!
Qué
arte el de la guerra. El de esta guerra mía.
La guerra con más armas químicas
inventadas.
Las armas de mujer.
La mujer llena de armas.
Las armas llenas de mujer.
¿Y
cómo se llama esta guerra? Todas las que han pasado por la existencia tienen
nombres...
La guerra de la independencia.
La guerra de los 6 días.
Las guerras púnicas.
La guerra fría.
Las... la-la-la-la-la-la-la-la-la...
Pero esta guerra de la mujer no tiene
nombre. ¿O se llama la guerra sin nombre? ¿Cómo hemos de poner un calificativo
poderoso que perdure en el tiempo a una guerra de mujer? ¿La mujer tiene nombre?



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