Aquella escritura salía con absoluta libertad
hacia papeles que encontraba en cualquier lugar donde me hallara, y así en
instantes nacían las palabras que mostraron la gran inquietud que sentía por
aquellos días y que siguen intactas en esta nueva edición. Más allá de indagar los
lectores si es poesía, prosa o está mejor o peor construida, les pido
comprensión ya respeto profundamente
aquella posesión que me llevo a ser
una mujer, un humano liberado.
Europa del este se descomponía con sus guerras absurdas al igual que muchos
otros países; el mundo estaba alerta con
la llegada del nuevo siglo y el año 2000. Financieros, políticos, sociólogos, banqueros,
informáticos, temblaban con un cambio que
creían sería catastrófico además de sociedades sectarias que se protegían por
lo que a la vez creían seria el final del mundo.
Hoy
no sólo el siglo XXI precede al peor siglo de la historia de la humanidad, si
no que se está convirtiendo en un siglo tan demoledor y terrerorifico que
debemos de decir ¡¡BASTA!!
Hasta entonces mis finales habían sido
siempre demoledores. Niñez, adolescencia, juventud y madurez me adentraban en el conocimiento del vacío existencial y siempre en medio de aquellas temporadas en el infierno me había refugio en los sueños, sueños que siempre me
salvaban y me guiaban hacia un camino de luz y nueva vida.
Escribiendo, me llovieron todas aquellas épocas. Llovían hacia mí como un alimento
o mana que hicieron que hoy día pueda saber que ya no hay finales en mi, si no
un camino agreste y a la vez repleto de dones
a los que me aferro para saber que si aún vivo en el caos, ese caos
deber de ser un faro de gran alcance energético que me muestre un solo objetivo luchar por la
verdad.
¿Y la verdad que es? Recuerdo que al editar Los finales y los sueños
algunos poetas me decían: La poesía de
denuncia ya no tiene salida. No está de moda, eso eran los 60 en España cuando
la canción protesta nació.
Aquellos comentarios me inducían a pensar en un oscuro status social del que escapé… no creyéndome que era una
poeta a sueldo, si no un canal abierto
al dolor que sentía por el mundo. Quiero matizar que jamás escribo alentada por
los beneficios que pueda obtener si no que
aquello que me induce a hacerlo y me dirige libre a una dulce sonrisa
que nace cuando escribo.
¿Recuperar estos textos y por qué? Primero por mi propia realidad personal que
me induce a seguir siendo libre y trasgresora de los dogmas, impuestos. Quiero
recuperar para los demás aquellos días en los que vagaba sin rumbo por una
sociedad llena de perjuicios, hacia un
espacio de infinitos niéveles en los que
aprendí y me mezcle con personas de prácticamente todo el mundo, que me
enseñaron que todos somos iguales energéticamente, poseídos por una energía primigenia en cuerpos creados por la
Naturaleza para sobrevivir en su habitad. Dragoste y Los finales y los sueños
hablan de aquellas personas y espacios. Nada es imaginación. Es Vida
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