sábado, 25 de mayo de 2013

MARGOT EN LA PLAZA DE CASTILLA - MANUEL LACARTA -

 
 
 
 
 

 VEINTE AÑOS
 
Tú eras la muchacha que camina viendo tiendas,
nunca vuelve a casa antes de las diez y media.
Desayunabas una tostada de pan con aceite
y dos tazas de café expresso, llevabas suelta
la melena rubia de tu pelo, en todas las fotos
sonreías. Yo me fijaba en tus piernas infinitas,
en el movimiento al andar de tu cuerpo, y parecía
escucharte cantar en cada sílaba. Decías “ár-bol”,
y el viento agitaba las frondas con un runrún
de seda que se toca; “nu-bes”, y yo pensaba
que el tiempo de la vida dura mucho tiempo.
El mundo no volverá otra vez a ser el mundo
de aquellas tardes, nada me sabrá en la boca
como morder tus labios, jamás iremos juntos
a parte alguna. ¿Dónde guardaste tus sandalias
sin tacones, tu trenca con capucha, el vestido
aquel de flores? Tú eras la muchacha rubia
que camina indiferente por en medio de la calle
sin atender a los coches, las señales luminosas,
los signos de que se detenga. Yo contigo
cumplía entonces veinte años y éramos felices.
*********** 
   Manuel Lacarta. Escritor madrileño. Reúne sus libros de poesía hasta la fecha en Otoño en el jardín de Pancho Villa (1977-2010),  Premio de la Crítica de Madrid 2011. Es autor además de una novela, Dame tus manos, los Cuentos de media página y los relatos de corte histórico Cuentos de Madrid. Su obra de ensayo, más abundante en número, se circunscribe al Siglo de Oro español, destacando sus biografías de Carlos V, Felipe II, Felipe III, Lope de Aguirre y Cervantes. Interesan también estudios suyos de temática matritense como Madrid y sus literaturas y La Casa de Austria y la monarquía de Madrid, o los diccionarios del Quijote, del Siglo de Oro y del Renacimiento 

   Margot en la Plaza de Castilla surge del poema que, con el mismo título, se recoge en otro poemario anterior, y, si bien es cierto que no deja de ser un canto a la mujer y a la libertad de la mujer, su autor lo siente ante todo como ese pulso con la vida, destinado al fracaso, por recuperar lo irrecuperable: los veinte años, de la juventud, la belleza, el sexo, la inocencia también; en suma, lo que fuimos.

   Margot no es, pues, un libro de amor, sino de  contemplación ya sin aventura, es decir, de comprensión.

   Siendo así, Manuel Lacarta se acerca a “ella”, nos habla de “ella” desde el “yo” y termina devolviéndonos a “ella”, que viste un vestido de flores bajo la trenca con capucha y calza zapatos bajos, sin tacón.

   Como ya ocurriera en 34 posiciones para amar a Bambi, con el que obtuvo en 1988 el prestigioso Premio Ámbito Literario, Margot es también un pretexto, no sólo para que el particular microcosmos del autor aflore discursivamente a su través,   adherido valga decir carnalmente a la piel de un personaje recurrente, sino para poetizar una realidad con miras a crear ante todo verdadera literatura.

Manuel Lacarta vuelve a asombrarnos con la magia de sus versos, tan fluidos como cercanos, siempre sabios y necesarios, en esta nueva entrega de su poesía. LUIS ALBERTO DE CUENCA

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miércoles, 22 de mayo de 2013

A MIS AMIGOS LOS POETAS



Murio Ray-pianista-  the doors--------------- 
Los desiertos impávidos y voluptuosos

Las voces de tortura

El escandaloso susurro del alma de los muertos

Claman la atención de los tiempos-modernos

The END

Callaron las voces-las miradas cargadas de apasionante deseo liberador

Las a- callaron los silencios tortuosos de mentes sin capacidad y después el tiempo


The END

Pero la BELLEZA reina en el más allá

Seguiremos -escuchando - piano y voces susurrantes- de AMOR y LIBERTAD

Fieles al saber-

Los finales-siempre son -principios

lunes, 20 de mayo de 2013

A MIS AMIGOS LOS POETAS



Ojos que miran a los míos

Ojos que se siguen, se observan

Se sienten y se hablan

¿Qué color tienen? No lo sé

Música, me ofreces tu música

Me gusta, me fascina...

Ojos con misterio, ¿qué pretenden?

Miro esos ojos que caminan en el tiempo

                                  Su dueño. YASSER.


DESEOS DE TENERTE
Tener de nuevo tus manos junto a las mías

Sentir su pequeñez, su música

Tener entre mis manos, la ternura que me inspiran

Su color, su olor, su sentir...

Tener entre mis dedos los tuyos

Ásperos, fuertes, recorriendo mis palmas

Tener entre tus ojos y los míos

Ese misterio, ese sinfín

Que provoca este sentimiento

Tener entre mí cuerpo y el tuyo...

El calor, el sopor, del amor cierto

¿Cuándo tendré, todo esto?

Del poemario Dragoste y los finales y los sueños