domingo, 7 de septiembre de 2014

- Ciudades Siglo XXI- A mis amigos los poetas


LA CIUDAD  QUE VINO DEL FRÍO

Despierto helada. La habitación  está casi en penumbras. A través de los cristales se introduce una pequeña ráfaga de luz. Me levanto descalza y mis manos se acercan a la ventana de donde emana esa luz circular. Los dedos escarban ansiosos en la escarcha que el frío ha dejado en los cristales sin  apenas conseguirlo. Tal vez la temperatura sea menos de 15 grados bajo cero. Tirito y corro al calor de la lumbre que ya ha encendido algún habitante de mi hogar. Los dedos de mis manos y pies sangran y duelen terriblemente. El Regajo es  un bellísimo paraje, donde cientos de árboles y fuentes de aguas cristalinas me acogen. La vegetación apenas deja penetrar los rayos del sol. Sentada observo la belleza y escucho el susurrante sonido del agua y las  hojas de los chopos que parecen cantar. Cerca de mi hay ancianos y ancianas silenciosas, en los que los surcos de los años han marcado tanto a su cuerpo que apenas pueden moverse. Saco un pequeñito espejo  dorado  en el que hay talladas formas misteriosas. Me observo y veo un rostro adolescente que me mira desde unos ojos ancestrales. Me hago una promesa a mi misma ¿o es al tiempo-espacio? ¡Nunca seré vieja! La ciudad de piedra rosada, los puentes romanos, las catedrales, las campanas, los santos, los curas, los militares, los poetas y los músicos,  atan con crudeza  a mi espíritu. Soy un péndulo que no para. Camino las cuestas, los lugares, los misterios de las calles, las casas antiquísimas, la historia de los Humanitas que dejaron en la ciudad cultura, arte… La ciudad y su puente romano me dan el primer beso en los labios......
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