domingo, 9 de abril de 2017

STELLA MANAUT " MUJERES INFIELES EN LA ERA FRANQUISTA"





MUJERES INFIELES
EN LA
ERA FRANQUISTA
Stella Manaut
 STELLA MANAUT – BREVE NOTA BIOGRÁFICA

Nace en Madrid en el seno de una familia de artistas. Tras sus estudios en el Liceo Francés de Madrid, pasó por las facultades de Filosofía y Sociología; también por la Escuela de Arte Dramático.

Protagonista de  muchas obras teatrales, algunas salidas de su propia pluma y como actriz secundaria en  tres películas, dos cortos y varias series de televisión.

Con su esposo, el concertista de guitarra Eugenio Gonzalo, ha recorrido gran parte del mundo en recitales de Guitarra y Poesía españolas.

Como dramaturga tiene registradas más de 50 obras, doce de ellas estrenadas. (ver web: stellamanaut.com)

También libros de relatos, de poesía, el último “Sátiras feministas”. Varias novelas, las últimas: “ Enamorada de un cura comunista”, “Mujeres infieles en la era franquista”.

Dirige en Valencia el Museo Manaut, dedicado a su padre José Manaut, alumno de Sorolla.


CONSIDERACIONES DE LA AUTORA

         Posiblemente habrá quien piense que la temática de esta novela está lejos de la realidad, además de ser un tanto atrevida. Sin embargo -y, usted perdone si su relación se mantiene intacta a través de los tiempos-, raras son las parejas en las que, al menos uno de sus miembros, no ha sucumbido a la tentación de un nuevo cuerpo.
         Hace unos años esos devaneos se consideraban normales en el hombre, intrínsecos a la naturaleza del género masculino, incluso dignos de aplauso, como si el tener una amante fuera algo así como un trofeo de caza. Hasta la propia esposa acababa muchas veces por justificarlos. Algunas, incluso, acunaban en su regazo el fruto de una relación extra-matrimonial del cónyuge.
         Hasta no hace tanto tiempo, también en nuestros “civilizados” países, la mujer adúltera (¡qué poquito me gusta esta palabra!) era condenada por la sociedad, humillada, encarcelada, apartada del núcleo familiar; de sus hijos. Hoy, ¡bendito sea!, las cosas son muy distintas. Ellas se han soltado el pelo, pero ellos, en muchos casos, no pueden soportar que su “santa” les sea infiel o bien no les soporte y quiera abandonarles y crear una nueva relación (ver el casi centenar de mujeres que caen en España, año tras año, bajo el cuchillo vengador). Me refiero, por supuesto, a lo que ocurre en Europa, en  los Estados Unidos y en alguna que otra zona -pocas- del Planeta Tierra. En infinidad de países se condena todavía con mayor saña el adulterio de la mujer, penando muchas veces a la pobre víctima con una muerte terrible a pesar, incluso, de haber sido violada.
         Actualmente, novelas y películas exponen el asunto de la infidelidad en la mujer como algo que puede ocurrir con frecuencia. Lo cierto es que las relaciones largas se hacen monótonas; que la pasión, en la mayor parte de los casos  -felices aquellos que consiguen mantenerla, que los hay- acaba difuminándose con el transcurrir de los tiempos y de las circunstancias (hijos, suegros, paro, caracteres enfrentados…). Luego, no es raro que, aunque la relación con la pareja siga siendo grata, se busque en un@ tercer@ el amor perdido.
         Al hablar de este tema no pretendo que se me tache de frívola. Por lógica, me refiero a un núcleo de población sin graves problemas de subsistencia. De existir éstos, se hace más difícil el juego del amor extra conyugal. Lo mismo ocurre si un miembro de la pareja cae gravemente enfermo. Para que la infidelidad “florezca”, las circunstancias, tanto físicas como económicas, han de ser propicias.
         Múltiples estudios al respecto muestran que el ser humano es básicamente polígamo; que lo de la fidelidad nos ha venido dado por imperativos sociales, por el deseo de unir familias poderosas. También, parte importante del manejo de nuestros sentimientos lo tiene la religión, sea la que sea, ensañándose siempre con la mujer.
         En esta novela he querido mostrar la situación de las féminas durante la dictadura franquista, además de dar forma a unas cuantas historias reales que las propias protagonistas me han confiado, siempre bajo la  promesa -cumplida-  de cambiar nombres, lugares y circunstancias. Como se podrá comprobar a medida que avance la lectura, hay varios denominadores comunes, no sólo por lo que a las reacciones de la mujer infiel se refiere, sino también por el carácter de la mayor parte de sus compañeros “legales”.
         Evidentemente, hay que situarse en la época a la que corresponden las historias donde, tanto ellas como ellos, recibieron una educación religiosa salpicada de tabúes e infiernos, con una influencia absolutamente negativa en el desarrollo de sus personalidades. Mujeres que se mantenían físicamente vírgenes hasta el matrimonio -que no mentalmente, pues el cerebro no sabe de convencionalismos sociales- y, en consecuencia, hombres que no tenían ocasión de conocer a fondo el cuerpo de sus compañeras, de igual a igual, pues tan sólo habían practicado el amor con prostitutas -benditas sean- pero que, por lógica de su “negocio” necesitaban -y necesitan- cambiar con rapidez de cliente. Por ello aquí encontraremos, con frecuencia, a hombres más o menos convencionales, por lo general con un buen trabajo, pero también por lo general, sin muchas inquietudes intelectuales, nada duchos en juegos sexuales y, en muchos casos, con eyaculación precoz. Un hombre que va de su casa a la oficina y que, aunque tenga que buscarse un trabajo extra, prefiere que la mujer se quede en casa. Él lo único que quiere es que todo esté en orden, la comida hecha, la ropa planchada y en su sitio, los niños estudiados y “echar un polvo” rápido -perdón por la expresión- los sábados a la hora de la siesta. Poco más.
         Entre las mujeres he visto también un comportamiento repetitivo, al margen de que se limiten o no a las tareas caseras. He observado, por ejemplo, reacciones que denotan una muy baja autoestima, fruto de tantos años de marginación. De ahí, el deseo de mostrarse perfectas ante sus amantes, prestarse a cocinar, limpiar, planchar… También se repite el hecho de que el azogue no les devuelve una imagen con la que se sientan bien; y sin embargo, a medida que pasa el tiempo y contemplan las fotografías de años pasados, comprenden que eran atractivas.
         Asimismo, puede apreciarse en varias de estas historias, que la mujer protagonista está llena de inquietudes que contrastan con la vida monótona de un marido al que se sigue queriendo, y mucho, a pesar de haberse sumergido en algún amor clandestino, pero del que no se puede soportar el menor roce cuando aparece un amante en el horizonte... Porque, como bien dice el refrán: “Lo cortés no quita lo valiente”.
         Usted, lector, podrá justificar o mandar al infierno a estas mujeres, pero la realidad es la realidad. Yo no he inventado nada; tan solo he adornado las historias. Quizá, en el futuro, escribiré otra novela dedicada a los hombres, aunque dudo que ellos se dejen hurgar en el fondo del corazón y de la conciencia.
         “¡Vive la liberté, l’égalité et la fraternité!”.
         Gracias a Dios o a quien sea, novelas como ésta pueden contar la verdad sin condenar a la “adúltera” a la hoguera de la vergüenza. ¡Abajo las Madame Bovary, las Ana Karenina  y las Regentas! Sus historias, basadas o no en personajes reales, siempre terminan fatal. Claro está que fueron escritas en el siglo XIX y por hombres…

ARAÑA EDITORIAL