viernes, 1 de noviembre de 2024

" ES UNA GUERRA" DANA DESTRUYE PUEBLOS Y BARRIOS DE VALENCIA -

 


TOTAL IMPOTENCIA. Dolor e incertidumbre . 

 Recuerdo algo que escribí en  LOS FINALES Y LOS SUEÑO, inocentemente  pensado, que  este nuevo siglo nos daría BELLEZA ; HOY NO TENGO PALABRAS PARA DESCRIBIR LO QUE SIENTO. 

LA TIERRA EN LA QUE HE CRECIDO COMO ADULTA. ¡Grita! . Cientos de personas fallecidas, físicamente y mentalmente sin respuestas.

Un gran amigo  JETE, me dice  desde Colombia: 

¡Julia es el momento ,  DEL RENACER . RETORNO AL ORIGEN!

 Y RECUERDO......................

Final de tiempos…final de siglo…milenio…Fin de mil vidas vividas entre los sueños…Finales que me abruman con su peso: Sueños  que abruman con sus incógnitas. Ante ellos, sebo convertirme en Soledad, ya que desde la soledad, navego por los confines de la vida… por los senderos de los sueños…y a veces pierdo el Norte y no sé si los sueños lo son, si la vida lo es o si lo uno es lo otro.

 

Y me pregunto SOLEDAD, por qué hay lágrimas en mi alma. Por qué me infunde dolor el progreso, a    pesar de los grandes logros conseguidos por la       humanidad.

Logros científicos, médicos,  económicos, sociales, étnicos…Logros de MUCHOS que cayeron en el camino. Seres que soñarnos sus Utopías y murieron asesinados en la lucha por los derechos de sus hermanos… Sueños para muchos convertidos en quimeras…de los que sólo quedan bellas palabras que hablan de LIBERTAD.

 

Los Sueños y Finales abrumadores me hacen sentir niña…y busco respuesta una y otra vez. Busco el sentido de mis palabras…del por qué escribo versos a la vida…del por qué de mis lágrimas…del por qué de la lucha cotidiana en ser algo más que un simple humano sometido a la bárbara sociedad…

Estoy envuelta en finales continuados que de inmediato me presentan principios desesperanzados y, aunque a veces se abre un resquicio en mi alma a la esperanza, so sé si a esa esperanza llamarla: Vida o Sueños.

 

Estoy anonadada antes estos poemas que se han dibujado por sí mismos en la inmensidad de mi alma. Anonadada porque me doy cuenta de que sólo cuando esa alma valiente que poseo me despoja de la mente arquetipo que me adormece, para seguir caminando en la sociedad, soy capaz de expresar mis más profundas obsesiones, de las que nacen los ¿ por qué?

 

Soy en esos momentos en los que me embarga el espíritu la eterna preguntona… la semilla pequeña la niña que quiere saber…la niña que busca respuestas porque lo que ve no le gusta, patalea,        llora, se deshace en impotencia…

Sueños…Sueños…Sueños de…

Verdades absolutas…

Sueños de libertad…

Sueños de Amor…

Sueños, de   entrega, compromiso, lealtad…

Sueños de finales irrepetibles 

 

Final de guerras. Final del odio entre pueblos. Final de la maldita envidia que destruye la integridad del ser humano. 

Final de la prepotencia de los poderosos que gobiernan…Fin a los FINALES MALDITOS…POR SIEMPRE…ETERNAMENTE.

Bonita  UTOPIA ¿Verdad? Mientras…sólo nos queda aferrarnos a nuestra alma pura e inocente. Yo os doy la mía. Podéis  juzgar mis poemas, lo más seguro es que ni lo sean. Podéis juzgar mi sentir. Os pido benevolencia y que tratéis de encontrarme en este poema 

WWW-JULIADELARUA.COM

 https://www.elperiodico.com/es/sociedad/20241030/cinco-horas-atrapado-columpio-municipio-110935443

 

 



martes, 29 de octubre de 2024

EL FORASTERO - OPERA PRIMA / DE ÓSCAR HERRERA

O

                                                                    NIETOS DE ODISEO

                                                                       Rodrigo Soto - Costa Rica

Una de las analogías más fecundas y extendidas en toda la humanidad, es la que equipara la vida con un viaje. Recordemos, para no ir más lejos, los célebres versos de Jorge Manrique: Nuestras vidas son los ríos / que van a dar en la mar / que es el morir… Aunque el destino sea cierto y el mismo siempre, es el tránsito, el recorrido, lo que nos compete: ahí se juegan las vidas y los destinos humanos. En otras palabras, aunque todos los caminos conduzcan a Roma (y aquí se hace inevitable traer a colación el palíndromo Amor-Roma), cada ruta es única y, dependiendo de la que elijamos, serán los paisajes y los pueblos que conozcamos.

En el campo del análisis literario, desde distintas perspectivas y valiéndose de instrumental muy diferente, Vladimir Propp y Joseph Campbell profundizaron en las implicaciones de esta analogía del viaje-vida.

Odiseo viaja de regreso a su hogar, a su pueblo, a su trono, a su mujer trasnochada en el incesante tejer y destejer como las mareas que van y vienen, en tanto su hijo Telémaco emprende el viaje con la esperanza de hallar a su padre. Siglos más tarde, los gnósticos imaginarán nuestra vida terrenal como el regreso desde un exilio perverso hacia la Unidad o el Origen; don Quijote sale a cabalgar por La Mancha en busca de aventuras que le ganen renombre… Más contemporáneamente, también se aventuran a los caminos autores como James Joyce, J. D. Salinger o Jack Kerouac, entre muchos más. Finalmente, a partir del siglo XX, con el desarrollo de la cinematografía, se acuña y consolida el término road-movie, para describir aquellas películas cuyo escenario es el tránsito, lo transitorio de la carretera y sus sucesos e imprevistos.

En la época post heroica de la modernidad, la postmodernidad y demás hierbas aromáticas, los viajes suelen adquirir otras características, otros propósitos. Aventuro que la industria del turismo masivo, los teléfonos celulares y las comunicaciones instantáneas, han terminado por erosionar el significado de viajar y el potencial simbólico del viaje como metáfora o analogía de la vida. No obstante, desgastadas y sinuosas, todavía asoman la corona de laureles, en una cara de la moneda, y la cifra mágica en la otra. En efecto, la vida es un viaje desde el cálido útero materno hasta el útero frío de la Madre-Tierra.

Si los héroes han muerto (salvo para la industria de los video juegos y para las películas de Marvel), ¿cuál es hoy el propósito de nuestros viajes iniciáticos? No puede ser otro que el de siempre, a saber, el descubrimiento o desvelamiento de nosotros mismos. Pero el sujeto moderno, desprovisto de toda solidez, de todo atributo heroico, es una fantasmagoría que se desvanece tan pronto creemos haberlo aprendido (no digamos ya comprendido). 

Valgan los comentarios anteriores para introducir la novela “El Forastero”, de Óscar Herrera. Su personaje, un joven costarricense llamado Marco Gutiérrez, inicia un largo periplo viajando hacia la costa caribeña de su país. Impulsado por su deseo de descubrir el mundo y descubrirse a sí mismo, emprenderá en seguida un largo viaje que lo llevará a grandes urbes y a remotos parajes en el Sudeste asiático -Singapur, la isla de Borneo y Tailandia, concretamente-, para recalar finalmente en Europa. Innumerables serán sus hallazgos y descubrimientos, aunque al final puedan resumirse en unas pocas palabras, que son el contenido de toda existencia humana: el amor, el erotismo y la muerte… ¿Cuán relevante es que en el caso de nuestro protagonista se trate de homo erotismo? Para algunos lectores, probablemente lo será, y mucho; para otros, entre los cuales me cuento, esto es secundario. Aunque en ocasiones la narración amenace encauzarse por la predecible senda del sexo, drogas y rock´n roll, una y otra vez el deseo del protagonista por conocerse, por descubrirse -sea lo que esto signifique-, termina imponiéndose y llevando la narración por nuevos derroteros.

En su trayecto, Marco tratará con numerosos personajes que le revelarán también la amplitud y diversidad de los bichos humanos, deberá poner en entredicho mil cosas que tenía por ciertas para enfrentarse a la precariedad y relatividad de sus creencias y conocimientos.

Esta perspectiva transitoria o pasajera del protagonista se pone de manifiesto desde el título de novela: el forastero, el que siempre está de paso sin echar raíces nunca. El desarraigo tiene un costo, pero al mismo tiempo ofrece una perspectiva -¿una ilusión?- de libertad absoluta, que el joven veinteañero de los primeros capítulos parece dispuesto a explorar hasta sus últimas consecuencias, pero que el hombre ya maduro de los capítulos finales, evoca con nostalgia y cierto resignado dolor. Si, como dice Césare Pavese, Laborare stanca, crecer duele, no hay duda de ello.

Estamos, entonces, ante ese género de novela que los alemanes han llamado bildungsroman, mejor conocida en castellano como “novela de formación” o “novela de aprendizaje”. Tanto es así que, en el transcurso de su viaje, Marco descubrirá también su verdadera vocación, la que le permitirá encontrar su lugar en la sociedad y ganarse la vida.

Valiéndose de diversos recursos narrativos -en los que alternan, fundamentalmente, las anotaciones personales del protagonista y una narración omnisciente-, el autor se aventura en ocasiones más allá de estas lindes para presentarnos la historia de algunos personajes secundarios y de los lugares por donde transita, sin desdeñar incursiones en lo alucinatorio y lo fantástico.

Desde mi punto de vista, el mayor acierto y la originalidad de la novela que sigue a continuación y que invito a leer, radica en combinar la universal analogía del viaje y el género de la novela de formación, con lo que ambas dimensiones -viaje y aprendizaje- se potencian y enriquecen recíprocamente.

¡Buen viaje!    

RODRIGO SOTO

Rodrigo Soto (San José, 1962). Escritor, guionista y productor audiovisual. Estudió filosofía en la Universidad de Costa Rica, y escritura de guiones cinematográficos en Cuba y Madrid. Ha publicado una veintena de libros en distintos géneros: novela, poesía, cuento, teatro, poesía infantil, ensayo y artículos periodísticos, entre ellos las novelas Mundicia, figuras en el espejo, El nudo y En la oscurana. Finalista del premio Casa de las Américas (Cuba) en la rama de cuento por su libro Dicen que los monos éramos felices y Premio Nacional de Cuento de su país en dos ocasiones por sus libros Mitomanías y Floraciones y desfloraciones.

Sobre su trabajo, Soto ha declarado: “Escribo porque no sé hacer otra cosa para conjurar el miedo. 

Pero esta es una evasión sutil: mitad huida y mitad enfrentamiento, fuga y careo. 

"La escritura es una tauromaquia": el toro es el miedo, el escritor el torero”. 

Y también:

              “Escribo historias porque la realidad estaría incompleta sin la fantasía”.

www.aranyaeditorial.com 

    

lunes, 28 de octubre de 2024

HISTORIAS DE LAS ARTES POEMAS ENIGMATICOS



 

BÚSQUEDA

 

Sonríe un alma vieja, cansada.

¡Cuánto tiempo en búsqueda!

Un segundo fue eterno,

Años fueron segundos.

Fluye el espíritu,          Sin saber el por qué.

Un país lejano por

Una vida acabada.

Sonríe esa alma vieja

        Ahora que descubre lo indescriptible

        Aquello invisible pero patente

Que es Ser y Dar






  • SENTIR EL VIVIR












SENTIR EL VIVIR


Habito el tiempo.

Exploro el paisaje en busca de sueños.

Vibro con las diminutas formas

Que a través de mis ojos

Seducen a mí alma.

Colores, todos en perfecta armonía

Con la naturaleza que me rodea.

Silencio, a pesar de los múltiples sonidos

Emitidos por seres puros y bellos.

Paz envolvente, espíritu sereno,

Rostro viajero en busca del viento