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Dragoste y Los finales y los sueños, fueron editados por
separado en 1998 y 1999 unos años históricos por la
cercanía de un final de siglo y la llegada de uno nuevo, en un periodo en que
la humanidad sumida en guerras y mercantilismos creaba una sensación de catarsis social a la que
Julia De la Rúa no había sido indiferente, si no que poseída y visionaria quiso expresar los universos en los que había
quedado atrapada; y como poeta, fiel a la musa-creatividad, se adentro sin permiso de rimas ni gramáticas en las profundidades del espíritu libre que
sabe o quiere decir una VERDAD, más allá
de un condicionamiento humano y social
establecido.
Como decían Aristóteles, Platón u Homero de los
poetas: no componen merced al arte, sino
por una inspiración divina. Tal vez estas palabras se adecuen más a Dragoste ya que como define Luis Enrique Pérez Ostoa:
se siente a la autora como mística
alfarera, -él también lo es- mientras que en Los finales y los sueños, la
reflexión que hace sobre la niñez, el
amor, la guerra, la denuncia social, a la corrupción, a la insolidaridad, o la
ausencia de valores, son los motivos que ocupan sus páginas. Poemas cargados de
rabia que arrojan verdades incómodas, desnudas, y otros con una sensualidad que
recuerda al lector que somos piel y huesos, seres humanos en definitiva, aunque
capaces de lo sublime y lo terrible por igual. Las dos caras de la Humanidad, a
la que están dedicadas sus palabras, donde es posible encontrarnos a nosotros
mismos, de mirarnos al espejo y ver reflejada humanidad desnuda. Luis Enrique
Pérez Ostoa ilustra las palabras de Julia De la Rúa, generando imágenes bellas
e inquietantes que permiten al lector introducirse aún más en un universo tan
complejo como apasionante.
Araña editorial
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