martes, 16 de agosto de 2016

PUI-MIC -Lo que sólo ocurre una vez es como si no ocurriera nunca. Si el hombre sólo puede vivir una vida es como si no viviera en absoluto. MILAN kundera

Enero

He chupado tus dedos, y después los he paseado por mi rostro, suavemente. Me he dejado llevar por el sonido de un acordeón que invade nuestra intimidad. Todo en un café que hace tiempo me hiciste descubrir en el casco antiguo de tu barrio. Solos tú y yo, y un joven camarero que nos ha servido una fría cerveza.
 Los últimos días hemos aposentado nuestro ser en lugares solitarios, a si que tu aprovechas para seducirme con una caricia  que yo recibo sinuosa. ¡Parecemos niños jugando con los primeros contactos amorosos!
Desde la ventana cubierta con visillos que te encantan, “son como los visillos de las ventanas de mi tierra”, has dicho casi en un susurro, ves el nombre de la calle: Calle de los Niños. El pequeño letrero que contiene el nombre es de porcelana azul bordeado de una línea blanca. No hay palabras. ¿Para qué? Sobran...
 Me miras en absoluto silencio con esa mirada quieta y escrutadora que siempre me intriga. Mientras escribo en uno de los papeles que me has dado, la música hace que me mueva acompasádamente tratando de sacarte de tu silencio. Ya sabes la simbiosis de mi alma con la música... no sé por qué razón soy tan parte del sonido de los instrumentos... Bebo cerveza y me siento increíblemente libre. Me he desprendido de los zapatos y  descarada acaricio tu cara con los pies. Te gusta, aunque en tu faz no hay ningún signo de complacencia ante este gesto. Simplemente te dejas...
 Ha comenzado a venir gente y el joven camarero me mira sentimental, y curiosamente no se sorprende ante nuestro comportamiento. Después ha dejado su puesto por unos minutos  a una camarera muy bonita, ella sí que nos mira sorprendida y quizás envidiosa de mí.
Llevo una falda de terciopelo negro. Es larga y con mucho  vuelo. Lo que te sirve para introducir las manos sin ser visto. Acaricias mis piernas y tus caricias llegan algo más lejos. Ojala siguieran toda la noche acariciándome y penetraran allí donde tus dedos se pierden.
 De repente me dices...: “Esta es la noche de los labios”.
 Me besas. Quieres seducirme... me dejo. Jugamos a besarnos de mil maneras rozando nuestras lenguas, nuestros dientes… Un hombre delgado con barba, vestido todo de negro, joven, bohemio, me observa y me hace sentir el lugar en el que estamos... tan especial... mas pienso que pronto necesitaremos soledad y silencio. Por unos instantes mi mente planea expulsar a las personas que han ido llenando el local... Hacer el amor entre las paredes antiguas y restauradas a los compases de la música jamaicana que ahora escuchamos, sería mágico. Puedo imaginármelo salvaje y sensual... Ajeno a mis pensamientos has ido a pedir un café y aprovecho para sentirme, me doy cuenta que todo tú eres mi necesidad.                      
NECESIDAD DE EXPERIMENTAR CONTIGO EL AMOR, EL DESEO, LA PASIÓN, y ¿por qué no? la DESIDIA. Todo lo que he anhelado en esta vida, ¡cochina vida! A veces pienso lo diferente que es mi vida cotidiana a la que hago a tu lado... Tan seria, tan rutinaria, tan poco apasionada... y para mi es tan vital VIVIR y exprimir cada instante qué realice mi interior, como por ejemplo en esta noche especial, en la que tú, con tus plateados ojos me seduces e intentas influirme para que te siga...


                                                       Te amo, mi señor.
www.juliadelarua.com

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