viernes, 1 de enero de 2016

Reestructurar sociedades, des-construirlas para revitalizarlas.


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Y va siendo hora que acallemos  entre todos a eso dogmas que tanto mediatizan la vida y  la destruyen. El dolor debe nacer libre, natural, necesario... pero nunca provocado o inducido por la mediocridad,  y lo peor como arma para aniquilar el sentido humanista, empático y visceral con que nacemos. La belleza debe de participar junto a nosotros en nuestra vida cotidiana. El hedonismo es necesario, recuperar la justicia que  debe de ser justicia y no un arma de perversión y corrupción política; la cultura ancestral, las idiosincrasias de los pueblos debe de ser admitida por todos y desarrollada hacia una equidad que aúne pueblos y reconstruyan  con valor a tantos espíritus que han aniquilados o destruido.
No se cuán difícil es la tarea que nos espera. Lo que si se es que los que tenemos el privilegio de acceder a una sensibilidad empática, espiritual, o científica, debemos hablar  sin tapujos ni miedos que impidan  a los demás seres humanos que nos acompañan, saber, aquello que nosotros sabemos, ya sea bueno o malo que al fin son dos puntos que se  unen en uno llamado            Existencia.


Reestructurar sociedades, des-construirlas para revitalizarlas,  es la labor, el trabajo de seres al servicio de  nuestro hoy, no al servicio de nuestro ego o divismo de creernos dioses por el mero hecho de ser creativos. La creatividad debe de ser un canal divino como decía Platón,  jamás un canal de orgullo que lleva a la propia destrucción y al peor de los caminos: la desidia, el consumismo desaforado, la ambición de poder a través de lo material.

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