viernes, 18 de abril de 2014

A MIS AMIGOS LOS POETAS - EL PERFIL DE LOS PERROS -

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Primitiva



“Álzanse ya ahora voces femeninas que, por ¡san Aristófanes!, hacen temblar, se nos amenaza con decirnos con claridad médica qué es lo que la mujer quiere ante todo y sobre todo del varón. ¿No es de pésimo gusto que la mujer se disponga así a volverse científica?”.
F. Nietzsche, Más allá del bien y del mal, aforismo 232.

“¿No será la verdad una mujer cuya razón de ser consiste en no dejar ver sus razones?”.
F. Nietzsche, “Prólogo” a La gaya ciencia.


Nací para habitar la belleza,  para beber de los ríos
Para cabalgar en los páramos
Para retozar en los valles
Para oler los madroños
Para acariciar el tronco de los árboles
Para escarbar en la tierra en busca de frutos
Para dejarme mecer por los aires.
Nací pájaro a la deriva, o cabra que escala  arañando sus pezuñas
O caballo libre sin amo
O cigüeña en lo alto de la montaña
O estrella en la noche, o luna, o sol ardiente

Sin embargo
Soy mujer
Que habita la ciudad
Donde los árboles están encarcelados
Donde los perros van atados
Y los pájaros enjaulados

Maldita ciudad
Donde llueve sucio
Donde se bebe sucio
Donde se ata el alma como a los perros…………………………………………………….




Armas de mujer
y
guerras sin nombre


 “Con respecto a todo lo que las mujeres escriben sobre ‘la mujer’, es lícito reservarse una gran desconfianza acerca de si la mujer quiere propiamente aclaración sobre sí misma — y puede quererla...
Si con esto una mujer no busca un nuevo adorno para sí —yo pienso, en efecto, que adornarse forma parte del eterno femenino—, bien, entonces lo que quiere es despertar miedo de ella; con esto quizá quiera dominio. Pero no quiere la verdad. ¡Qué le importa a la mujer la verdad! Desde el comienzo, nada resulta más extraño, repugnante, hostil a la mujer que la verdad — su gran arte es la mentira, su máxima preocupación son la apariencia y la belleza”.
F. Nietzsche, Más allá del bien y del mal, aforismo 232.


Música y perfiles. Piano absorto. Mirada en vez de oídos. Blues que tocan dedos veloces y voces que roban un poco de poder al sonido en movimiento.
Chelo, piano, platillos y voz suicida de tiempo que no traspasa.
Ratatatatatatatata...
Maldita taladradora de cerebros desvalidos.
¡Cuántas guerras en mi vida! Si lo pienso bien, ¡qué gran belleza han poseído!
¡Qué guerras más sublimes y aleccionadoras e imprescindibles!
Qué arte el de la guerra. El de esta guerra mía.
La guerra con más armas químicas inventadas.
Las armas de mujer.
La mujer llena de armas.
Las armas llenas de mujer.
¿Y cómo se llama esta guerra? Todas las que han pasado por la existencia tienen nombres...
La guerra de la independencia.
La guerra de los 6 días.
Las guerras púnicas.
La guerra fría.
Las... la-la-la-la-la-la-la-la-la...
Pero esta guerra de la mujer no tiene nombre. ¿O se llama la guerra sin nombre? ¿Cómo hemos de poner un calificativo poderoso que perdure en el tiempo a una guerra de mujer? ¿La mujer tiene nombre?


Perra nací en cama de camada grande


“Disuadir al hombre, de manera expresa y locuaz, de que la mujer tiene que ser mantenida, cuidada, protegida, tratada con indulgencia, cual un animal doméstico bastante delicado, extrañamente salvaje y, a menudo, agradable; es torpe e indignado rebuscar todo lo que de esclavo y servil ha tenido, y aún tiene, la posición de la mujer en el orden social vigente hasta el momento — ¿qué significa todo eso más que una disgregación de los instintos femeninos, una desfeminización?”.

F. Nietzsche, Más allá del bien y del mal, aforismo 239.


Nací perra.

Perra de dos patas, aunque a menudo debí andar a cuatro
Perra atada a collares de lujo, en un tiempo
También atada al cordel del amo al que amé
Cordel grueso y de áspero esparto que horadaba mi cuello
A cada estirón de su mano...
Lamí heridas con mi lengua rebosante de curativa baba
Lengua que recorrió rostros fríos e impávidos ante mis lengüetazos
Suplicantes de amor
Perra nací en cama de camada grande
En la que mis hermanos, los perros, aun débiles
Imponían su poder…………………………………..
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