jueves, 22 de agosto de 2013

La Ignorancia y otras fascinaciones


LA IGNORANCIA Y OTRAS FASCINACIONES.
 

  El ser humano debe ser independiente
   Y no dejarse encasillar por la sociedad
     Para alcanzar la LIBERTAD.

              Sartre


De repente llega el día en que te topas con la ignorancia, la degradación, la corrupción del ser humano. Hasta ese día has imaginado vivir en la verdad. Has tenido fe y has idolatrado todo lo creado. Habitar la naturaleza ha sido parte de tu ser, de la realidad de cada día. Sentir el cuerpo vivo aleteando ante los sentidos hacía parte de ti cada instante, como lo hacían los latidos del corazón insuflando energía roja, distribuyendo el caudal lleno de vital fluido. Hasta ese instante en el que vivíamos y sentíamos y no nos dejábamos  poseer por la ignorancia, éramos seres humanos Libres, o al menos así lo creí yo, que lloré, reí, busqué e indagué en el alma, disfruté con el cuerpo, me involucré con cada átomo de existencia que me rodeaba... Hasta ese mismo instante existí, y, ahora, habitando una vida que dicen mejor que cualquier otra del pasado, trato de Ser, en el más amplio sentido de la palabra, y siento la maldita ignorancia que me rodea y todo parece juego, ficción, irrealidad. ¿Por qué?

... Quisiera que mis lágrimas nacieran raudas ante la barbarie y miserias que imperan absolutas en nuestras vidas cotidianas, pero nada, se ocultan en la cuenca de mis ojos, parece que avergonzadas. Quisiera estremecerme ante una mirada cargada de dolor y sólo mi boca se abre estúpidamente creando una mueca de asombro como si esa mirada no fuera conmigo, como si esa mirada fuera la carátula de un ser inerte, sin vida. Quisiera mezclarme con los árboles y ser ellos, pero mi maldito cuerpo se ha aliado con la razón y, retorcida, se opone; quisiera pertenecer cada noche a la luna, donde habita un hombre al que amo, mas mil conjeturas baratas se agolpan para que desista de inmediato. Podría alargar mi mano como antes de conocer la ignorancia, alargarla hacia un bello cuadro, introducirla en las imágenes y toquetear cada pincelada, hacerla libre, para que fuera creando otras formas, otros colores, pero esa mano maldita cae hacia el suelo quieta y fría. Ser un pájaro en el horizonte como tantas veces he sido se convierte en una ilusión óptica y en un volcán de vómito. Ya no hay añoranza de otros parajes, otros lugares donde encontrar a Dios...  Dios... No hay necesidad de sublimidad, y esa súbita experiencia hace inútil mi deseo de encontrar al Dios que dé sentido a la vida. Desear a un hombre... desear su belleza, su fuerza, desear que recorra mi cuerpo como más le plazca, acariciando todos y cada uno de mis rincones sin dejar ni un solo, sin olvidar ni el más mínimo habitáculo de mi realidad de ser mujer, mi Ser femenina sin más y que ese hombre me permita lo mismo hasta deshacernos y convertirnos en  volutas de éxtasis... es una utopía. Ser amiga de hombres y mujeres es una durísima labor, casi un imposible, ya que el entendimiento ha sido sustituido por la falta de tolerancia y respeto. Habitar las calles con una sonrisa es una quimera, ya que se habita la amargura de compartir ruidos, caos, miradas vacías, desprecio de otros, la dureza de tus iguales en sus puestos de trabajo, la maldita informatización de todo, que ha sustituido a los hombres y mujeres, la fría sensación de saberte Solo entre tantos.                      
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