lunes, 16 de mayo de 2011

La hija del viento



http://youtu.be/B0wd_0qszhg

Camino. Las calles están vacías. Llueve y mi cuerpo parece mucho más liviano sujetando fuertemente el mango del paraguas. Es como si temiese que de repente fuera a convertirse en un globo aerostático y comenzase a elevarse a través del viento.
Nada importa. No hay vida en el cerebro sólo un cincel manejado por el fiel escultor que va remodelando mi interior. El estomago se estruja... la garganta palpita…las piernas recuperan sus contornos bellos...los senos se erizan...el pelo aún se encrespa más creando nuevos rizos rebeldes.

El cincel trabaja raudo sin un respiro del fiel que dice llamarse muchos nombres pero que prefiere…. ¡Amor! y me obliga a estar elevaba sin que mis pies toquen otro suelo que no sea el suyo.

El abismo, el borde del abismo llamándote, y el miedo sujetándote AMOR aunque cada vez mas débil. Ese abismo al que llego después de una largo galopar...de ser caballo blanco que no se para ante nada, ni siquiera ante el precipicio….

A lo lejos la lontananza… Campos verdes… sueños… quimeras... utopías despiadadas que se muestran altivas y confiadas sin haber pedido permiso a mi pequeñito SER…aferradas a su necesidad de existencia…

Y sólo recuerdo aquel día en el que inicie el camino ligera…hacia la gran montaña…Aquel día… si me lance al abismo y mi grito sonó como lo hacían los indios, los apaches, los aztecas…reclamando la voz de Dios… después de haber danzado siglos de existencia ante una gran hoguera.
Aquella noche se hizo malva y el eco expandió mi voz….
-Cuando el alma venga a oler las flores…. volveré
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