viernes, 15 de octubre de 2010

IVAN FERNADEZ-DAVILA : PERU


Sobre la sexta muestra individual de Iván Fernández-Dávila

Como pintor veo la pintura como un acto que trasciende al mismo autor. Donde uno integra, juega y sufre dentro de un campo mucho más vago y extenso. Sin embargo, el artista no es un ser anónimo y pareciera que cuanto más mostrase su visión particular del mundo más universal la misma se convierte.
Iván Fernández-Dávila –como cualquier artista- es un eslabón en la cadena de la creación. Es parte de su época, ha visto de cerca a la Escuela de Londres y se ha adherido de manera natural al tan nombrado campo de la neo-figuración. Su pintura opta por un realismo expresionista que muestra esa realidad, que a falta de palabras, diría que incluye los esfuerzos del pintor por percibirla.
Pinta mujeres vendadas y sus perfiles, siempre anclando sus miradas más allá del espectador. Aborda personas de su círculo íntimo e incluso –entre otros- un profundo autorretrato que dedica al franco-israelí Avigdor Arikha. Utiliza una paleta cromática que se aleja del poderoso color de Bonnard pero que al mismo tiempo lo evoca. Algunas resoluciones remiten a Lucian Freud y a R.B. Kitaj. Pintores que sin duda han nutrido a Iván y que coinciden en más de un punto con su mundo sensible. La sinceridad se percibe y el pintor no cae en modismos.
Las palabras anteriores quizás sólo sean la necesidad de precisar nombres y rótulos. Algo que escapa de la experiencia real de enfrentar una obra pictórica. Al fin y al cabo, uno siempre habla alrededor de la pintura, trazando guías y coordenadas, intentando acercarse a un lenguaje donde en este caso Iván Fernández-Dávila se sumerge por completo.


Santiago Paulós
Roma, oct 2010

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