lunes, 5 de abril de 2010

EL PERFIL DE LOS PERROS

Introducción

Caminaba por la plaza mayor de Salamanca en Enero del dos mil seis y como todo lo que ha dirigido mi vida llena de incógnitas de repente me vi ante Adares, mi hombre de barba blanca, mi poeta de mirada de azules cristalinos que robaba al cielo que le acogía.

El frío de enero… Adares y su mesita de playa; sus libros y sus energías de poesía desbocada, pletórica de surrealistas metáforas, que me elevaban al sumo de los placeres, y el más privilegiado de ellos, pertenecer a un grupo de poetas y escritores en el que me encontraba asida de la mano de mi prodigioso poeta de adolescencia… Adares… aquel que yo veía pululando por los soportales de mi plaza mayor de Salamanca, aquella Salamanca de la sabiduría, la austeridad y el gozo de la piedra rosada con que construye sus monumentos y edificios y a la que Adares el anárquico... bello hombre... dúctil animal llamaba Carmen y así a través de ella, se acercaba a todo aquel que le observaba libre y después irremediablemente se convertía en su amor o en su panal de abejas donde te hacia reina u holgazán o miel...o sueño o espadachín o mujer jardín como me dedico en uno de sus libros.
En aquella tarde inesperada ya que no había pretendido verle debido al intenso frío, Adares me ofreció de nuevo sus poemarios… Nunca elegí lo que quería leer de él, si no que le permitía que eligiera por mí y yo le obligara a firmármelo. Que cruel y que bello lo que yo hacía, ya que mis ganas de tenerle entero en sus libros me hacia olvidar su parkinson, pero él fiel a mi deseo me dejaba sus palabras; intuyo que siempre esperaba que detrás de su negación fingida, yo le incitara a hacerlo para recibir un beso de color rojo en su barba blanca, con que yo le agradecía aquellas mágicas dedicatorias.


Me entregó su poemario que había recogido de la mesita y que noté como no dudaba un instante y me dijo sonriendo….

- Este te gustará

Después del amanecer llego la lealtad

Curiosamente ese día no esperó que le pidiese su dedicatoria.

- Para tu palabra que será la luz de la mejor ventana

Y sonriendo pícaro me dijo

-Quiero escribir un libro contigo. Ven este verano y lo hacemos juntos.

¿Realidad? ¿Sueño?..¿Escuchaba de verdad aquella propuesta?

¿El hombre, el poeta de mi adolescencia, el inalcanzable… me ofrecía escribir algo con él?

Años antes me había presentado ante Remigio un domingo acompañada de un amigo en los recónditos arcos del Corrillo de Salamanca.

-Hola Adares... ¿sabes que escribimos en el mismo colectivo? Alba y Camino

-¿Si? ¿Tú quien eres?

-Soy Julia De la Rúa

Ah si, ¡te sigo mucho! Eres muy buena poeta. La poeta rebelde.

A veces escuchar esto de los demás es difícil, ya que o no terminamos de creer en nosotros mismos, o la sociedad raramente te agasaja con sus palabras. ¿Adares me conocía? ¿Yo una absoluta desconocida era seguida por un genio el bohemio de mi adolescencia?


-El tiempo fue pasando y mis visitas al Corrillo fueron haciéndose asiduas a través de los años. Alguna vez tuve la gran suerte de reunirme con él en el parnaso particular de la bella Plaza Mayor a escuchar la voz de grandes artistas: José Miguel Bernal otro poeta de la tierra del Tormes y Regina Rodríguez la gran escultora, la poeta de la arcilla. Los tres, bohemios por excelencia, han formado su Parnaso particular allá donde los espíritus son libres, sin trabas y sin dobleces, como a ellos les gustaba ser y sentir.


- ¿Sobre qué escribo? Le pregunté incrédula

-Sobre la Otra voz o el Perfil de los perros

-¿El perfil de los perros? ¿Qué significa?

-Un camino muy estrecho... me dijo observándome atento.

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